Robles, nísperos, manglares y hombres

Troncos en aserrío. Cuángare, sajo y maría.

Por Angélica María Cuevas
Publicado en Savia Pacífico

Para tumbar un árbol de sande, en la selva del Pacífico, se necesitan cinco personas: un aserrador, su ayudante y tres jornaleros capaces de lidiar con serpientes, abejas, arañas y alacranes. El día de trabajo es pesado. Las mujeres se levantan a las cuatro de la mañana para preparar el desayuno y a las siete los hombres ya están caminando selva adentro, de donde regresan a las cuatro de la tarde. “Somos empleados de la naturaleza. Si no fuera por la selva o por el mar no tendríamos qué comer”, dice Walter Potes, de 56 años, un moreno de Bahía Solano, Chocó, cuya espalda ya no aguanta un jornal más.

Durante más de treinta años, Walter se dedicó a tumbar a punta de hacha y motosierra árboles de troncos gruesos y maderas finas, como abarcos o chibugás, robles, lecheros, cedros y sandes, choibás, guayacanes negros y nísperos. El promedio del jornal era y sigue siendo un árbol por día. Si la leña está muy lejos del caserío se trabaja en la selva al menos por una semana hasta acumular una buena carga. Lo primero es adecuar una estructura que sirve para mover los troncos hacia la quebrada más cercana. Los hombres desmontan el camino y tejen sobre el piso, con tallos delgados pero fuertes, el canal por el que rodará la madera. Los troncos flotan entonces aguas abajo hasta un punto en el que se reúnen y se improvisa con ellos una balsa para moverlos en bloque hasta el pueblo. “De ahí se divide una parte para la venta local y el resto sale por agua pa’ Buenaventura”, dice Walter.

06

Proceso de laminación de madera

Las selvas del Pacífico colombiano son la más importante despensa maderera del país. De su principal puerto, Buenaventura, la madera viaja especialmente hacia Medellín, Pereira y Bogotá, aunque también suele haber cargas hacia Panamá, Perú, Ecuador, Puerto Rico, México o Chile. Pero su riqueza no se reduce a la madera. Esta región se considera uno de los lugares más megadiversos del mundo. Aquí la humedad y la pluviosidad excesiva se integran con uno de los sistemas hidrográficos más importantes del país. La serranía del Baudó hace que la línea costera sea angosta y acantilada en el norte, mientras que en el sur las ensenadas, esteros y manglares dominan el paisaje. De ese coctel sólo puede brotar vida. Ante los monumentales paisajes del Pacífico, con sus playas repletas de troncos de árboles arrastrados por los ríos al mar, los humanos parecen inofensivos, pero no lo son.

Ha sido tanta la presión sobre los bosques de esta región que las autoridades ambientales estiman que sólo en el departamento del Chocó el cuarenta por ciento del territorio está deforestado. Walter lo nota. Los bosques de robles (Tabebuia rosea) y cedro (Cedrela montana) en los que podía perderse cuando era adolescente se han reducido casi hasta el punto de desaparecer. Esos tipos de árboles gigantes, de madera dura y corteza escamosa, fueron sobreexplotados y convertidos en bases para la construcción de viviendas, pisos, muebles y paredes de lujo. “La gente abusó de esas maderas finas por las que se pagaba bien y ahora el roble está bien escaso”.

07

Caraño (Trattinnickia aspera)

La explotación maderera se concentra especialmente en Buenaventura, Guapi, Tumaco y Bahía Solano, donde se obtiene chapul, comino, laurel, mangle, sajo y chaquiro, entre otras especies. Pero estos bosques no sólo producen muebles, vigas y pisos para el resto del mundo; la madera determina la vida cotidiana en el litoral, es indispensable para cocinar, levantar casas, hacer botes y entretenerse.

Si hay un bosque al que las comunidades negras e indígenas del Pacífico deban su supervivencia es el manglar. Los manglares, indispensables para la reproducción de peces y aves, han garantizado históricamente una parte importante de la oferta de recursos marinos costeros del país. Se trata de ecosistemas de árboles retorcidos que se apropian de las desembocaduras donde el agua dulce se confunde con el mar, formando un lugar privilegiado para la generación de vida; de su salud depende la tercera parte de la productividad pesquera en las costas de los mares tropicales. Por eso, reconociendo el valor de sus servicios ecosistémicos, el Estado colombiano decidió en 1997 proteger el veinte por ciento de los manglares del Pacífico con la declaración del parque nacional natural Sanquianga, en Nariño, unas ochenta mil hectáreas que integran las desembocaduras de los ríos Tapaje, Aguacatal y Sanquianga. Pero, a pesar de la biodiversidad que alberga, y de su fragilidad, la leña de diferentes mangles: Mangle rojo o mangle, Rhizophora mangle; Mangle negro o iguanero, Avicennia germinans o Mangle blanco o feliz blanco, Laguncularia racemosa) ha sido utilizada tradicionalmente como carbón vegetal para alimentar fogones y en la construcción de viviendas e incluso de corralejas.

01

Cedro guiño (Carapa guianensis)

Walter Potes cuenta que hace un tiempo, cuando “en Bahía el mangle no estaba tan jodido y se utilizaba pa’ todo”, la madera soltaba un tinte con el que teñían las atarrayas. Cada tanto los pescadores se citaban en la casa de algún paisano a tallar canoas y teñir.

Aunque de quince años para acá las balsas de madera han sido reemplazadas por botes más livianos de fibra de vidrio, la tradición, que los indígenas emberas conservan, era tallar los troncos de abarco (Cariniana pyriformis) y caracolí (o aspavé) hasta convertirlos en embarcaciones.

El aspavé o caracolí (Anacardium excelsum) es una belleza alta, de copa verde redondeada, corteza gris y hojas simples y grandes. Puede medir treinta metros de alto, tener un diámetro de más de dos metros y vive gracias a la lluvia que la mayoría del tiempo alimenta los bosques húmedos tropicales del Pacífico. Se encuentra en terrenos altos, cerca de ríos y quebradas o en suelos que tienen aguas subterráneas de poca profundidad. Sus flores, que aparecen entre febrero y abril, son pequeñas y de color crema.

Sin embargo, aunque de él se fabrican tablas para cajones, camas, bebederos para animales, cucharas y platos, no existen especies tan útiles para los humanos como las palmas. La barrigona (Iriartea deltoidea) se usa para cimentar los pisos; el tallo de la zancona (Socratea exorrhiza) o de la memé (Wettinia quinaria) para las paredes; y el techo se resuelve con las hojas de la cuchilleja (Geonoma calyptrogynoidea). Se estima que cuarenta y seis de las ciento seis especies de palmas que se han identificado en el Pacífico son aprovechadas por el hombre y al menos el diez por ciento de ellas no se encuentra en otro lugar del mundo.

04

Arrume de mangle rojo para carbón (Rhizophora mangle)

Ese privilegio se debe a la posición geográfica de esta región, donde se reúnen todas las bondades de la selva húmeda tropical, hábitat que alberga la mitad de las especies animales y vegetales del planeta y que en el caso del Pacífico colombiano quedó estratégicamente aislada por el levantamiento de la cordillera de los Andes hace doce millones de años, cuando las placas tectónicas de Nazca y América colisionaron conformando serranías y valles sumamente ricos en agua y especies. Es el caso de la serranía de Baudó, el valle del río Atrato, el valle del río San Juan y la llanura costera del Pacífico.

En esta selva también se encuentra el chontaduro (Bactris gasipaes), otra palma que crece en los diques pero con un fruto exquisito que se come en todo el Pacífico y del que también se saca una clase chicha. Su madera sirve para construir uno de los instrumentos más fascinantes de la cultura negra colombiana: la marimba de chonta, una artesanía que le dicta el ritmo al currulao y que suena a África, pero también a Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño.

Las marimbas son elaboradas a orillas del río Guapi por maestros como Silvino Mina, con chonta, guadua y bambú. Mina es un hombre sencillo que por más de cuarenta años ha contagiado a generaciones de músicos con ritmos como el bunde, la juga, el berejú y el currulao, la danza patrona de las comunidades afrocolombianas del litoral Pacífico que habla de la esclavitud, de la minería y del trabajo pesado en el campo y que no sólo necesita de la marimba para alegrar las fiestas, también de los cununos (hembra y macho), el guasá y el bombo.

El cununo se fabrica a partir del tronco de árboles como aguacate, incive, mate, machare o campano. Para el guasá, que funciona como sonajero, se utilizan bambú y semillas secas de maíz o piedrecitas. Y el bombo se construye a partir de madera de balso, que a pesar de medir entre quince y veinticinco metros y de que su tronco puede llegar a tener ochenta centímetros de diámetro, es de fibra liviana, blanda, débil y manejable.

03

Elaboración de cabos para herramienta con sande (Brosimum utile)

El balso (Ochroma pyramidale) también se utiliza para aumentar la flotación de los botes, mejorar su estabilidad y capacidad de carga y para construir utensilios domésticos y juguetes. Incluso tiene propiedades medicinales y analgésicas. “Aunque el balso lo piden mucho, ahora lo que se está sacando más es níspero (Manilkara bidentata) y choibá que le gusta mucho a los japoneses”, dice Walter Potes.

El aserrador, al que los jornales de tala le acabaron la espalda, vive ahora de las cosechas o de lo que pesca y logra vender en la plaza. A él y su familia los mantienen vivos la tierra y el mar. Ante la ausencia de Estado y la falta de oportunidades de trabajo y estudio, la única opción que le queda a la mayoría de habitantes del Pacífico es seguir siendo empleados de la naturaleza. “El empleo acá nos lo da la selva”, repite Walter en Bahía Solano, sentado en su mecedora.

La megadiversidad del trópico

Las exuberantes selvas húmedas del mundo se ubican entre los trópicos de Capricornio y de Cáncer, a lo largo de la línea ecuatorial, en América Central y del Sur, África, el Sureste de Asia, Sumatra y Nueva Guinea, y en ellas se encuentra la mitad de especies animales y vegetales del planeta. Se estima que tan sólo en Colombia estos bosques son el hogar de 400 especies de árboles, 800 especies de invertebrados, 4.500 especies de otras plantas de las más de 25.000 que puede haber en el país. Su suelo es un lugar caliente, oscuro y húmedo, pues los árboles bloquean la entrada de luz, y allí escarabajos, hormigas y otros organismos remueven la tierra mientras hongos y bacterias ayudan a la descomposición liberando nutrientes que mantienen la fertilidad. También hacen aportes medicinales: sus plantas han sido fundamentales para atacar enfermedades como la malaria, los problemas circulatorios, la disentería y deficiencias respiratorias, oftalmológicas y neurológicas. De las 3.000 especies de plantas con propiedades anticancerígenas que se han identificado en el mundo, la mitad crece en Colombia.

Nato

Nato (Mora oleifera)

El tambo embera

Las viviendas de los indígenas emberas, los tambos, son armazones de planta casi siempre circular construidos en madera a dos metros del suelo sobre pilotes de guayacán (Minquartia guianensis), cocobolo (Dalbergia retusa) o chunga o güéguerre (Astrocaryum standleyanum). Los indígenas del Pacífico decidieron vivir en casas elevadas por el temor a las inundaciones, pues sus construcciones han estado tradicionalmente ubicadas muy cerca de los ríos. Cuando el historiador Jacques Aprile-Gniset recorrió la región en 1987, describió los tambos como “casas transparentes” en entornos agrestes que, por la ausencia de paredes, podían ser fácilmente atravesadas por las miradas. Y aunque las construcciones más modernas contemplan la separación de algunos espacios, como forma de privacidad, muchas comunidades indígenas aún se inclinan por las áreas abiertas. El tambo se divide en tres niveles. En el primero, a ras del suelo y debajo de la casa, duermen los perros, se instala el gallinero o la marranera y se guardan herramientas, canoas y leña para cocinar; en el segundo, entre el piso y las vigas del techo, se concentran las actividades cotidianas y familiares, y en el entechado se construyen altillos donde se guardan enseres, canastos de ropa, víveres y productos agrícolas, utensilios y herramientas.

Los negros y el bosque

Las comunidades negras del Pacífico colombiano tuvieron que adaptarse al bosque durante la Colonia. Llegaron como esclavos desde África al puerto de Cartagena de Indias para ser empleados en la explotación de oro, y fue ese metal el que luego los hizo libres. A mediados del período de la Colonia, más de la mitad de los esclavos habían pagado a sus amos el precio de su libertad y buena parte de los que se rebelaron contra la sociedad esclavizadora hallaron refugio en los valles formados por los ríos Cauca, Magdalena y San Jorge, y también en zonas apartadas del litoral Pacífico. Esos nuevos pueblos libres, que se defendieron hasta la muerte para no ser sometidos otra vez, fueron llamados palenques. Los palenques se establecieron en playas y áreas de manglar hasta el momento desconocidas, donde comenzaron a vivir dispersos y cerca de los ríos. Más tarde, la intensa explotación maderera hizo que aparecieran los primeros centros urbanos.

02

Techo con amargo

Ranas de madera

Las manos hábiles de los emberas son capaces de transformar el tronco duro del cocobolo (Dalbergia retusa) en águilas, tigres, ranas, lagartos, culebras, tiburones, árboles, tortugas o gatos salvajes. Esta madera, que tallan desde muy niños, es fina y tiene un color marrón rojizo tan atractivo que las figuras terminadas se han vuelto una insignia de la artesanía nativa del norte del Pacífico. El cocobolo es un árbol que está presente en toda la región mesoamericana, desde México hasta el norte de Colombia, y su explotación ilegal ha provocado en los últimos años la destrucción de decenas de hectáreas de bosque, principalmente en Panamá, donde los traficantes de madera amenazan las selvas tropicales buscando satisfacer la demanda en Asia.

Bosques, víctimas del conflicto

El Banco Mundial estima que el cuarenta y uno por ciento (cerca de 1,4 millones de metros cúbicos) de la madera que se comercializa en Colombia es talada de manera ilegal. El Ideam calcula que la cifra es del 33,5 por ciento, reconociendo, sin embargo, el subregistro de la problemática. Las causas que determinan esa ilegalidad forestal en Colombia son múltiples y entre ellas figuran factores de orden político, económico y social difíciles de resolver. La aplicación de una legislación desactualizada se une a la falta de divulgación de las normas, la sobreexplotación de especies, la carencia de un inventario forestal nacional, la pobreza y la violencia. Organizaciones dedicadas a la conservación de los bosques y al estudio de las comunidades que se benefician de ellos han encontrado que las condiciones de violencia derivadas del conflicto interno que ha padecido Colombia desde la mitad del siglo XX suelen coincidir con áreas boscosas donde la actividad extractiva de la madera tiene alguna importancia y esto, a su vez, ha limitado el accionar de las autoridades ambientales y dificultado la aplicación rigurosa de las normas que regulan el aprovechamiento de los recursos forestales.

Sajo

Sajo (Campnosperma panamense)

En letra cursiva

El Pacífico colombiano presenta una altísima cantidad de especies botánicas maderables que son usadas en construcción, artesanías, ebanistería y hasta para la elaboración de diferentes instrumentos musicales. Una de las familias  con mayor cantidad de especies apreciadas por su valor maderable, es la de las palmas, las Arecáceas, como la barrigona o barrigona negra, Iriartea deltoidea; la palma zancona o mulata, Socratea exorrhiza, y la macana o memé, Wettinia quinaria. A ésta familia de Arcáceas, también pertenece la cuchilleja, Geonoma calyptrogynoidea, la chunga o güéguerre, Astrocaryum standleyanum, y el chontaduro, Bactris gasipaes. Otra familia taxonómica con especies de alto valor económico, apreciadas en construcción por la dureza y resistencia de sus especies, son las Anacardiáceas, de donde hace parte el caracolí o aspavé, Anacardium excelsum y el sajo, Campnosperma panamense. Otro caso es el de las Combretáceas, que también son estimadas por su valor maderable, y de ellas son el mangle feliz o feliz blanco, Laguncularia racemosa y que también es conocido como roble en el Pacífico colombiano, Terminalia amazonia. Este y el Tabebuia rosea de las Bignoniáceas, son de madera fuerte y resistente. Aunque Terminalia amazonia, es el roble general en la región. Las Fabáceas, o leguminosas también tienen una alta cantidad de especies maderables, como la choibá o almendro de montaña, Dipteryx oleifera, la cual además de ser utilizada en construcción también produce almendras comestibles y de las cuales se extrae aceite. A ésta familia de legumbres, también pertenece el cocobolo o palisandro Dalbergia retusa, que aunque es más común en Centro América, aparece también en el norte del Pacífico colombiano. Otra familia habitual es la de las lecitidáceas de las cuales se utilizan varias especies entre las que se destacan el abarco, Cariniana pyriformis y el salero, Lecythis ampla, cuyo árbol le da el nombre a un poblado cerca de Quibdó.

Otra fuente de maderas importantes se extrae de los diferentes mangles que sostienen estos ecosistemas. Allí se encuentran Avicenniáceas, como el mangle negro o iguanero, Avicennia germinans, Combretáceas, al que pertenece el mangle feliz o feliz blanco, Laguncularia racemosa y Rhizophoráceas, como el mangle rojo, o reconocido simplemente como mangle, Rhizophora mangle, los cuales afortunadamente están siendo protegidos para evitar así su extracción exhaustiva y proteger los ecosistemas que generan. Una familia de suma importancia como maderable en el Pacífico, especialmente desde Buenaventura hacia el sur, es la de las Miristicáceas, conocidas como cuángares, que forman asociaciones dominantes llamados cuangariáles. Como cuángares son identificadas varias especies: Iryanthera  megistophylla, Otoba lehmannii, Otoba gracilipes, Otoba parvifolia y Virola dixonii. Estas especies han sido usadas especialmente para desarrollar y fabricar triplex. Y otra especie muy cotizada y ya muy escasa en el Pacífico es el chanul (Humiriastrum procerum) de las Humiriáceas.

Las plantas más constantes

Familia Nombre científico Nombre común Usos
Anacardiáceas Anacardium excelsum Caracolí, aspavé Valor maderable, su madera también es utilizada para embarcaciones
Anacardiáceas Campnosperma panamense Sajo Valor maderable, utilizado para construcción y ebanistería
Arecáceas Bactris gasipaes Chontaduro Atribución afrodisíaca.  Producción de palmito. Obtención de la marimba
Arecáceas Astrocaryum standleyanum Chunga, güéguerre Construcción, artesanías
Arecáceas Geonoma calyptrogynoidea Cuchilleja Construcción
Arecáceas Iriartea deltoidea Barrigona, barrigona negra Madera utilizada para construcciones rurales y en ebanistería
Arecáceas Socratea exorrhiza Zancona, palma mulata Los tallos rajados son utilizados en construcción
Arecáceas Wettinia quinaria Memé, macana Los tallos son duros y resistentes, apreciados en construcción
Combretáceas Terminalia amazonia Roble, curichí, macano Madera apreciada en construcción
Fabáceas Dalbergia retusa Cocobolo, palisandro Madera fina de color rojizo, con la que se tallan diferentes artesanías
Humiriáceas Humiriastrum procerum Chanó, chanul Madera para ebanistería
Lecitidáceas Cariniana pyriformis Abarco, chibugá Madera para multiples usos
Malváceas Ochroma pyramidale Balso, tambor Maderable, para la elaboración de barcos y tambores
Meliáceas Cedrela odorata Cedro, bastardo, cedro amargo Valor maderable
Moráceas Brosimum utile sande Maderable
Miristicáceas Iryanthera megistophylla cuángare Madera para desenrollar y producir triplex
Miristicáceas Otoba lehmannii cuángare Madera para desenrollar y producir triplex
Miristicáceas Otoba gracilipes cuángare Madera para desenrollar y producir triplex
Miristicáceas Otoba parvifolia cuángare Madera para desenrollar y producir triplex
Miristicáceas Virola dixonii cuángare Madera para desenrollar y producir triplex
Olacáceas Minquartia guianensis Guayacán negro Valor maderable, una madera bastante fuerte
Rhizophoráceas Rhizophora mangle Mangle rojo, mangle piñón, mangle Madera resistente para construcción
—————————- —————————— ————————- ———————
Sapotáceas Manilkara bidentata Níspero Madera para ebanistería

 

Etiquetas: , , , , , , ,

Más de Regiones ...

Lo prodigiosa que es

Un mundo intrincado parido entre nieblas, donde las tres cordilleras se desatan del nudo y empiezan a ser las columnas vertebrales del país todo.

Montañas de magia y ausencias

Un edén. Aunque haya avanzado sobre él, el poblamiento urbano, el Eje Cafetero sigue siendo un edén. Una región clave dentro de los Andes de Colombia

Corazón botánico de Colombia

Mariquita es un jardín botánico natural. Cuna de la Expedición Botánica de Mutis, este pueblo al norte del Tolima se ufana de ser el herbario de América.