Los pantanos de Arauca

Por Luis Ernesto Quintana Barney
Publicado en Savia Oriente

Todo en Arauca se desborda. Empieza con los cuerpos de agua que fluyen hacia el este desde la cordillera Oriental, donde el encanto regio de las lagunas glaciares del Cocuy da origen a los ríos Arauca, Casanare y Ele, piezas fundamentales en la hidrografía de la región y en la fijación de límites naturales y geopolíticos. Tras la cordillera, que representa apenas el once por ciento de la superficie del departamento, el derrame geomorfológico da paso al piedemonte llanero, zona de transición entre las alturas de los Andes y las planicies de inundación, que ocupa el veintiséis por ciento de Arauca. Después viene la vastedad, la macrounidad conocida como sabana, que con más de un millón quinientas mil hectáreas llena el sesenta y tres por ciento del total del territorio araucano, territorio equivalente a poco más del dos por ciento de Colombia y un seis por ciento de la Orinoquia del país. La fisiografía del departamento comprende, entonces, un desparrame altitudinal que va de los cinco mil trescientos a los ciento cincuenta metros de altura sobre el nivel del mar.

Mamoncillo (Melicocus bijugatus) Foto Ana María Mejía

Mamoncillo (Melicocus bijugatus) Foto Ana María Mejía

Ahora bien, para abordar desde cualquier punto de vista el entorno natural, social, económico o histórico de esta región inundable, valdría la pena poner en un segundo plano los límites fronterizos de hasta dónde llega Colombia y empieza Venezuela. Porque observar esta parte de los Llanos desde la perspectiva gigante que es la macrocuenca del Orinoco, permite tal vez una aproximación más contundente a esta región ecológica tan particular de la biosfera. En términos prácticos, la lluvia, el agua en general y el verde tapete húmedo de Arauca, por ejemplo, no son muy distintos a los del estado de Apure en el vecino país. El río Orinoco es la médula de todos estos ambientes acuáticos, integrados de distintas formas a los cincuenta y dos tributarios principales que hacen de esta cuenca binacional la tercera más importante del continente suramericano. Su inmensidad, la de los llanos colombo-venezolanos, abarca un espacio de casi quinientos mil kilómetros cuadrados, unas dos veces la superficie total del Reino Unido.

Un trabajo conjunto entre investigadores de las dos naciones, publicado por el Instituto Humboldt, distingue cuatro regiones para clasificar los diversos paisajes de la Orinoquia, diferenciación pertinente que se entiende aquí y allá y apela, ante todo, a lo práctico. Tales regiones son: Orinoquia Andina (con páramo y piedemonte de ambos países); Orinoquia Llanera; Orinoquia Guayanesa (que comprende también la región de la altillanura de Colombia) y, por último, Región Delta u Orinoquia Atlántica.

Palo de aceite (Copaifera officinnalis) Foto Aldo Brando

Palo de aceite (Copaifera officinnalis) Foto Aldo Brando

La exuberancia de plantas acuáticas en estas cuatro regiones de la cuenca del Orinoco se estima entre trescientas cincuenta y cuatrocientas especies. En esa misma área se identifican cuarenta y nueve tipos de humedales naturales y once artificiales, aquellos donde la mano del hombre construye, transforma o regula los cuerpos de agua. Poco a poco Colombia ha ido tomando conciencia de la importancia de conocer a fondo las llanuras de inundación, sus humedales y todo aquello que lo convierte en país anfibio. Venezuela, por su parte, posee un mejor entendimiento de sus llanos gracias a esfuerzos como la catalogación de humedales y la protección de esos ambientes.

Hasta ahora —apenas— Colombia avanza en la ruta hacia la declaratoria de dos áreas protegidas en Arauca: Cinaruco, en jurisdicción del municipio de Cravo Norte, y Sabanas y Humedales de Arauca, entre Arauca capital y Arauquita. Cinaruco tendría un polígono de protección de 193.068 hectáreas en donde se mantienen bosques y sabanas en un favorable estado de conservación, con baja densidad de población y de actividad ganadera. La otra área, la de Sabanas y Humedales de Arauca, es una zona natural con abundante bosque de galería (que crece exclusivamente a orillas de ríos o aguas temporales y no acumula agua) y con la mayor población registrada de caimán llanero. Allí hay presencia de varios resguardos indígenas de los pueblos hitnú y sikuani; e igualmente se encuentran las selvas del Lipa en esta zona, que es por lo demás un territorio con una notoria influencia de la industria petrolera.

Es casi un arte —lo es— la manera como la biología, la botánica y la limnología se percatan de la diversidad de ambientes en planicies donde todo aparenta monotonía, como en Arauca, donde lo heterogéneo del paisaje inundable es un relieve casi imperceptible en el horizonte.

Antes de ahondar en los humedales de Arauca, es oportuna una mirada que vaya de lo general a lo particular: el área total del Orinoco comprende 34.720.825 hectáreas, de las cuales un cuarenta y dos por ciento son humedales. La Orinoquia colombiana, con 14.725.346 hectáreas de área de humedal, es la región hidrográfica con mayor presencia de estos ecosistemas en el país; y Arauca, el departamento con mayor representación de humedales, con treinta y tres tipos según el Instituto Humboldt.

Palma sará (Copernica tectorum) Foto Ana María Mejía

Palma sará (Copernica tectorum) Foto Ana María Mejía

Entonces, los hay naturales y artificiales como los arrozales y jagüeyes. Mirar con lupa las características de un humedal implica observar en detalle su origen geológico, las condiciones climáticas y las propiedades que definen su biota, como la altitud, los tipos de agua y suelo, el modo de circulación del agua, el hidroperiodo o pulso de inundación, la conectividad con otros sistemas acuáticos y la dimensión y profundidad. En ese sentido, todos los humedales de las planicies de Arauca (no los de cordillera) se localizan por debajo de los mil metros sobre el nivel del mar y en su mayoría son temporales. El aporte hídrico se determina por si es pluvial, torrencial, fluvial o de aguas subterráneas; y la inundación de las sabanas de Arauca, como también las de Casanare, puede durar entre tres y cinco meses.

Tal vez el paisaje más ilustrado, documentado visualmente por su belleza y extensión en Arauca y los contiguos territorios venezolanos sea el morichal. Y lo es con justa razón. Los dominios de la palma de moriche (Mauritia flexuosa), con su altura de hasta veinticinco metros, saltan a la vista, ya estén sumidas en corrientes profundas o en una calma superficial. Es de las pocas especies de la familia de las arecáceas que pueden crecer en zonas de inundación permanente o temporal, en depresiones del terreno sobre suelos arcillosos. Es una bendición por su capacidad de regulación y reserva del agua: mantiene los niveles de los cauces, mitiga el impacto de las crecientes producidas por la lluvia y conserva el agua casi que de manera uniforme durante la sequía.

El morichal rinde múltiples provisiones, como hábitat apto para la pesca, la recolección de frutos, fibras, medicinas naturales y productos farmacéuticos y bioquímicos. Es refugio y criadero de fauna acuática y de aves, reptiles y mamíferos. Tiene, incluso, un valor espiritual y sagrado para algunas comunidades indígenas. El Instituto Humboldt da cuenta de una vegetación acuática con al menos ciento cuatro especies de setenta y siete géneros y cuarenta y tres familias registradas en diferentes morichales de la cuenca del Orinoco.

Caña brava (Gynerium sagitarium) Foto Ana María Mejía

Caña brava (Gynerium sagitarium) Foto Ana María Mejía

Otras especies que definen humedales, pero que no se extienden con la contundencia de la Mauritia flexuosa, son la palma de seje (Oenocarpus bataua), la palma de corozo (Acrocomia aculeata) y los maporales o chaguaramales (Roystonea oleracea). Lo que reina en esta vastedad de verdes llaneros, no obstante, son los herbazales densos, específicamente de ciperáceas (Rhynchospora sp., Cyperus haspan, Eleocharis sp.); unas quince especies de onagráceas del género Ludwigia; y poáceas como la saeta peluda (Trachypogon vestitus), el pasto de embarre (Paspalum pectinatum) y el rabodemula (Anthaenantia lanata), entre otros pastos como el Trachypogon spicatus y el Andropogon selloanus. En los territorios más húmedos, permanentes o temporales, son comunes las extensiones de pajas de agua (Hymenachne amplexicaulis, Leersia hexandra y Luziola subintegra). En cuanto a las plantas acuáticas, algunas vistas como malezas, son de amplia distribución los jacintos de agua, boras o buchones pertenecientes a la familia de las pontederiáceas (Eichhornia crassipes, E. azurea, Pontederia subovata, Heteranthera reniformis y H. limosa); también la Salvinia auriculata, Limnobium laevigatum y Azolla filiculoides.

Achiote (Bixa orellana) Foto Ana María Mejía

Achiote (Bixa orellana) Foto Ana María Mejía

Sería prudente decir, en suma, que el plano inundable araucano está compuesto por plantas de monte, raudales, esteros, bajos y bancos. Será preciso, por demás, ir familiarizándose con el grueso número de tipos de humedales de este territorio y sus respectivos nombres, catalogados tanto por científicos como por gentes que conviven cerca de estos ambientes. Muchos de ellos, tan sonoros como un joropo: arracachales, congriales, saladillales, zurales, platanillales, madreviejas, laurelares, chigüirales, bucarales, cañabravales, escarceos, quereberales, bijaguales.

No sobra dedicar unas breves líneas, finalmente, al hombre llanero, a ese ser bravío que por siglos fue quien hizo un manejo óptimo de los ecosistemas, pero que hoy tiene su fe ciega puesta en un progreso artificial de la vida, en los monocultivos de arroz, una frontera agropecuaria en expansión y la explotación petrolera, como símbolos de un hombre que en lugar de adaptarse, adapta. Escribió Orangel Méndez, en 1932:

“El llanero es ‘heteromántico’ porque puede predecir “el lado de las tormentas, los chubascos secos, los días del sol por el vuelo de las aves; la altura de las crecientes por la de los nidos de las choznitas; a las arribaones por el calor de las aguas; los cardúmenes, coporos, cachamas y palometas por el desarrollo de las corrientes […] Conoce el camino aéreo de las garzas, el chicuaco es su higrómetro, el pato carretero su compinche, su reloj el pájaro baco y el carrao, el alcaraván su centinela, la guacharaca su despertador […]”.

 

En letra cursiva 

En las zonas inundables de Arauca una de las plantas más características es el moriche (Mauritia flexuosa), que hace parte de las arecáceas o familia de las palmas. La palma de moriche puede desarrollarse en zonas pantanosas y es la especie característica de los humedales denominados morichales, que conforman un ecosistema de gran importancia por la cantidad de especies que los habitan. Entre las arecáceas representativas de Arauca también se destacan la palma de seje (Oenocarpus bataua), el chaguarao (Roystonea oleracea) y la palma de corozo (Acrocomia aculeata). El epíteto aculeata de la palma de corozo hace referencia a las particulares espinas que presenta en su tronco.

En las zonas pantanosas o inundables también se desarrolla una buena cantidad de los llamados “buchones”, algunos de los cuales hacen parte de la familia de las hidrocartáceas, como el buchón cucharita (Limnobium laevigatum). Gran cantidad de plantas acuáticas pertenecen a las pontederiáceas, que se distinguen por sus tallos esponjosos y sus vistosas flores, como el jacinto de agua (Eichhornia crassipes), utilizado para la fermentación de suelos, habiendo demostrado su alto potencial en fitorremediación por la capacidad de obtener del agua todos los nutrientes que necesita para su metabolismo, aparte de que posee microorganismos asociados a sus raíces que favorecen la acción depuradora. Sin embargo, la fitorremediación por medio de esta planta debe realizarse con muchísima precaución, debido a que su crecimiento descontrolado puede convertirla en una plaga y puede reducir el oxígeno en el agua, generando así pantanos no viables. El nombre jacinto de agua proviene de los colores de las flores, que recuerdan al jacinto (Hyacinthus). Pero el epíteto crassipes proviene del latín, con el significado de “pie grueso”, en alusión a sus raíces.

En las zonas pantanosas también se destacan las poáceas, o sea los pastos. En las zonas de humedales de Arauca se encuentran poáceas que se han adaptado a tierras inundables, como la paja de agua (Leersia hexandra) y la cañabrava o cañaflecha (Gynerium sagittatum). Con la cañaflecha los costeños fabrican sus particulares sombreros vueltiaos.

Ya en zonas no inundables, en Arauca se encuentran árboles con colores característicos, como el floramarillo (Handroanthus chrysanthus), el cual hace parte de las bignoniáceas, o el achiote (Bixa orellana), de las bixáceas. La palabra Bixa proviene de bija, término con el que los pijaos denominaban el tinte obtenido del achiote.

Las plantas más constantes

Familia Nombre científico Nombre común Usos
Arecáceas Acrocomia aculeata Palma de corozo, corozo La pulla y el aceite de semilla se utilizan en cosméticos. El cogollo se consume como palmito
Arecáceas Oenocarpus bataua Palma de seje De su fruto se extrae un aceite comestible y medicinal
Arecáceas Mauritia flexuosa Palma de moriche, morichal Pulpa nutritiva, se consume fresca o en bebidas.
El tallo en palmitos. Aceite
Arecáceas Roystonea oleracea Chaguarao Palma ornamental. Las hojas son utilizadas
en construcciones agrestes
Bignoniáceas Handroanthus chrysanthus Araguaney, floramarillo Especie ornamental. Con la madera se elaboran postes
Bixáceas Bixa orellana Achiote, achote, bija, onoto De las semillas se extrae colorante, utilizado para
dar tonos rojizos a diferentes alimentos
Hidrocartáceas Limnobium laevigatum Buchón cucharita Planta flotante utilizada para la decoración de acuarios
Poáceas Gynerium sagittatum Cañabrava, cañaflecha Utilizada para la elaboración de flechas, arpones,
dardos y artesanías
Poáceas Leersia hexandra Paja de agua Provee protección y alimento para animales. Ampliamente utilizada para alimentar rebaños
Pontederiáceas Eichhornia crassipes Jacinto de agua Utilizada en fitorremediación. Fertilizante de suelos
y utilizada en medicina alternativa
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