La hierba básica e imponente

Por Fernando Quiroz
Publicado en Savia Andina

Son hermosas las orquídeas: unas más que otras, es cierto. Son fascinantes los helechos: los hay de hojas tan grandes, descomunales, que se roban muy fácil la atención de los caminantes. Son imponentes los nenúfares, que brotan del agua con sus flores coloridas y delicadas. Son curiosos los frailejones, que crecen en los páramos y que blindan sus hojas para resistir un frío que no cesa. Son inspiradoras las flores de los lirios y también las heliconias, que se levantan sin el cuidado del hombre y sorprenden a la vuelta de tantos caminos que serpentean en las montañas de esta Colombia de flora tan variada, tan encantadora.

Pero está la guadua.

Está la guadua, que es al mismo tiempo hermosa, fascinante, curiosa, imponente e inspiradora.

Y útil.

Techo en guadua (Guadua angustifolia). Foto: Ana María Mejía

Útil como pocas plantas que surjen de esta tierra en la que nacimos. Y basta un dato para comprobarlo: con la guadua se levantaron en poco tiempo y a muy bajo costo al menos un centenar de poblaciones de la zona cafetera, en esa apresurada colonización que llegó de Antioquia y que según algunos estaba ante todo motivada por la sed del oro… ese brillo que sigue deslumbrando, que sigue atrayendo como peligroso imán. Una aventura fascinante, en todo caso, aquella colonización, que ayudó a descubrir buena parte del país en la realidad de sus entrañas, a conocerlo, a palparlo, a enamorarse de él. Y dejó caminos y sumó costumbres. Y promovió la fundación de muchos pueblos levantados a punta de ese bahareque que está hecho de guadua y tierra, de guadua y barro. Ese bahareque que al comienzo solo estuvo en las casas de los pobres —porque la guadua para fabricarlo estaba al alcance del machete, allí nomás, a la vuelta, a la vera del río— hasta cuando los sucesivos terremotos que hacían temblar estas montañas del corazón de Colombia demostraron que casi todo se iba al suelo, con excepción de las construcciones en guadua. Entonces también los más pudientes empezaron a usarla, y muchas veces construyeron con ella esas casas pintorescas que se ven desde lejos porque suelen estar pintadas de vivos colores, que obligan a los visitantes a sacar las cámaras, que aparecen en casi todos los catálogos de turismo de Colombia, que le han dado vida a un sinnúmero de afiches llevados al otro extremo del planeta por quienes han querido colgarlos en sus casas como testimonio del paraíso visitado, simbolizado allí, en esa imagen, por la más representativa de las especies del bosque andino tropical.

Sí, también ha resultado de enorme utilidad la guadua: ya veremos muchos usos más, párrafos adelante, pero detengámonos por un momento en ese listado de adjetivos atrás dichos, que no son simple adorno ni poesía pura sino que le corresponden en justicia.

Guadual (Guadua angustifolia). Foto: de Federico Rincón Mora

Hermosa, sin duda, la guadua invita a ser admirada. El verde de sus tallos jóvenes, esa especie de papiros que cubren el tronco, la suma de pequeñas hojas que caen como lanzas luego de un vuelo caprichoso… Todo en la guadua es verdadero motivo de admiración. Pero más que una guadua, hermosa resulta esa postal en la que se suman unas y otras, las más jóvenes y las que han alcanzado la madurez, cientos de ellas, tal vez miles, en las orillas de los ríos o en las laderas de las montañas: los guaduales. Uno de esos guaduales que pueden producir más de mil quinientos tallos por hectárea cada año.  

Fascinante. ¿O no lo es, acaso, saber que puede lograr incrementos de altura hasta de once centímetros por día, lo cual convierte a la guadua en una de las especies vegetales de más rápido crecimiento? Y en la región cafetera, cuyos suelos han demostrado ser ricos en cenizas volcánicas, suele levantarse del piso entre dieciocho y treinta metros —a veces, en condiciones ideales, puede llegar hasta treinta y cinco, que es la altura aproximada de un edificio de trece pisos—, y no solo ha definido su estatura al llegar a los seis meses de vida sino que, por tratarse de una monocotiledónea y carecer de tejido de cámbium, conserva su diámetro a lo largo del tiempo… un diámetro que a veces alcanza los treinta centímetros.

Dijimos también que es curiosa la guadua. ¿Alguien se atreve a ponerlo en duda después de saber que en realidad se trata de una hierba gigante? Como el maíz, que también lo es. Y uno imagina, entonces, a los animales prehistóricos alimentándose de guadua, como si se tratara de vacas comiendo pasto. Sin mayor esfuerzo. Y es curioso, así mismo, saber que la guadua rara vez florece, pero que, a diferencia de la mayoría de los bambúes —la guadua es una de las mil doscientas especies de bambú que existen en el mundo— no muere al florecer. Alejandro Castaño, una de las cabezas del Jardín Botánico de Tuluá, en donde tuvieron que esperar para que mostraran su flor unos bambúes sembrados en 1985, explica que la floración es un mecanismo de supervivencia de la especie, y que el bambú suele florecer cuando se estresa, y se estresa por ejemplo en años de permanentes diluvios o de sequías absurdas. Entonces florece para reproducirse, pero en muchas especies es enorme el esfuerzo que deben hacer para florecer, y mueren. Es curioso, sí, y muy hermoso: florecer para dar la vida y florecer para morir. Pero más curioso aún es que la guadua sea una excepción.

Guaduas secándose (Guadua angustifolia). Foto: Ana María Mejía

Es imponente, y para eso no necesita ser una Gigantochloa, que es esa llamada guadua recta, que aunque no es propiamente una guadua sino un género de bambú, como se cuenta en la sección “En letra cursiva”, sí es enorme, de origen indio pero de la cual han llegado unas pocas a Colombia procedentes de Mayagüez, Puerto Rico.

Lo cierto es que la guadua es imponente en todas sus versiones, incluida la Guadua paniculata, delgadísima, que podría parecer un fideo al lado de la Gigantochloa. Imponente también cuando se encuentra suelta, alejada del guadual, en pleno crecimiento, como si se tratara de un espárrago descomunal. E imponente, sin lugar a dudas, la Guadua angustifolia, que es la nuestra, la que fue descrita por primera vez en 1806 por Bonpland como Bambusa guadua, que Humboldt y Bonpland encontraron en abundancia. Silvestre, inclinada sobre riachuelos y quebradas, y convertida, desde mucho antes de que conquistadores y aventureros de la ciencia pusieran pie en América, en postes ceremoniales, en recipientes para líquidos y en instrumentos musicales; y así mismo utilizada en la construcción de canales de agua, de armas, de escaleras, de balsas, de palenques, de plazas en las que se rendía culto a los dioses y a la naturaleza —que solían ser una misma cosa—, de atalayas y de jaulas para prisioneros.

También hacían puentes con guadua desde mucho antes de que Kunth la clasificara como tal en 1822. ¡Puentes! Pocos hallazgos tan maravillosos como el de un puente de guadua para cruzar una quebrada de cierto protagonismo que se atraviesa de repente en alguna vuelta del camino. Hay en ellos tanta funcionalidad como belleza. Tanta resistencia como arte. Porque la guadua también es —y fue otro de los adjetivos del comienzo del relato— inspiradora.

Rizomas de guadua (Guadua angustifolia). Foto: Ana María Mejía

Y ha inspirado, de hecho, y sigue inspirando, a arquitectos, artistas, artesanos y diseñadores de diversas disciplinas, incluso a los diseñadores industriales, que fabrican con guadua pisos muy apreciados en mercados internacionales. La cultura cafetera, que está tan unida a la guadua como al café que le da su nombre, ha utilizado la guadua no solo para levantar casas y para construir acueductos, sino también para las cercas de los corrales y de los gallineros, para fabricar los muebles en los que se guarda la vajilla con la que se atiende a los invitados y las camas en las que se les ofrece pasar la noche, las escaleras para subir al cuarto de san alejo y también las mecedoras en las que pasa las largas horas de la tarde una abuela que lleva un par de décadas contemplando ese paisaje hermoso del Quindío o de Risaralda. Un paisaje del que precisamente forman parte los arbustos de café, las plantas de plátano que les dan sombra y los guaduales que protegen las fuentes de agua con las que los riegan.

Porque, más allá de hermosa y de inspiradora, de imponente y de curiosa, la guadua cumple un papel preponderante en la protección del medio ambiente. Los bosques de guadua construyen de manera natural una especie de muro que evita el desbordamiento de los ríos, y la cubierta que ofrecen sobre los cauces les sirve de protección e impide la fácil evaporación. Está comprobado que los guaduales son potentes recuperadores de la biósfera, pues tienen la capacidad de atrapar enormes cantidades de dióxido de carbono que convierten en oxígeno.

Las raíces de la guadua establecen en poco tiempo un tejido consistente que ayuda a la conservación de los suelos: se trata, prácticamente, de una red que amarra el suelo y evita su deterioro. Así mismo, en las laderas sembradas de guaduales, las pequeñas hojas que van tapizando el suelo se convierten en una suerte de colchón que retiene el agua y que amortigua su caída, de manera que ayuda a controlar la erosión. Según los investigadores Édgar Giraldo y Aureliano Sabogal, “una hectárea de un bosque natural de Guadua angustifolia en Colombia puede almacenar 30.375 litros de agua en sus culmos, la cual regresa al suelo en época seca”. Si se establece un promedio de ciento cincuenta litros por día por persona, se calcula entonces que una hectárea de guadua puede almacenar el agua que consumirían doscientas personas en un día.

Arrume de guadua (Guadua angustifolia). Foto: Ana María Mejía

Es tal la belleza de la guadua, es tan imponente un guadual y son tantos y tan importantes los beneficios que le presta al hombre y al ambiente, que no se entiende cómo no se han emprendido mayores esfuerzos para evitar la deforestación de los bosques de los cuales es protagonista. Tampoco se entiende por qué no se impulsan de manera más decidida los estudios y la legislación para favorecer y promover su uso y comercialización, pues está visto que de la guadua podrían vivir cientos de miles de familias colombianas.

Más colombiana que el propio café, la guadua es uno de los grandes tesoros de nuestra flora. La simple contemplación de un guadual inspira a los artistas y alivia a los apesadumbrados.  

En letra cursiva

La Guadua es un género botánico de las poáceas, la familia de los pastos o gramíneas. Esta es una de las familias botánicas más ricas en especies del mundo. Está dividida en subfamilias. Una de ellas es la Bambusoideae, que popularmente es conocida como la de los bambúes, término bastante más fácil de pronunciar y recordar, además de que hace referencia a aquellas plantas similares a las especies de Bambusa, las cuales se caracterizan por presentar un tallo o culmo leñoso. Ya dentro de los bambúes se encuentran diferentes géneros, como Guadua, Bambusa y Gigantochloa, entre muchos más. Sin embargo, muchas veces el alto parecido entre la Guadua y la Bambusa ha llevado a confusiones con los nombres populares e inclusive con los nombres científicos. Las especies de Bambusa son aquellos bambúes que crecen en el área tropical, como es el caso de la guadua amarilla o bambú (Bambusa vulgaris). Las guaduas son especies mucho más populares y comunes en Suramérica. Su alta resistencia y flexibilidad las ha llevado a ser altamente apreciadas en construcción. Entre las guaduas más sobresalientes se encuentra la Guadua angustifolia, la cual fue descrita gracias a las plantas que Humboldt y Bonpland encontraron en Colombia, que en un principio habían sido clasificadas como parte de las Bambusas. Posteriores estudios morfológicos la incluyeron dentro del género Guadua. Otra especie importante también es la Guadua paniculata, conocida popularmente como guafa, que se caracteriza por la delgadez de sus tallos, siendo igualmente resistente. Además de la guadua gigante (Guadua weberbaueri), a la subfamilia de los bambúes pertenece igualmente el género Gigantochloa, gigantes que provienen de Malasia.

De las poáceas hace parte además el maíz (Zea mays), pero pertenece a una subfamilia diferente, las panicoideaes, en la que se incluyen aquellos géneros que como el maíz presentan espiguillas comprimidas.

Hojas caulinares (Guadua angustifolia). Foto: Ana María Mejía

Acero vegetal

En países como China e India, que llevan miles de años utilizando el bambú —una de cuyas especies es la guadua— e investigando sobre sus propiedades, se promueve cada vez más su empleo en la fabricación de pulpa de papel.

Así mismo, el uso de la guadua es creciente en la construcción de viviendas y en la fabricación de pisos, muy apreciados por los europeos por su adaptabilidad a los cambios climáticos y por las ventajas que ofrece en economía e higiene.

En Japón, desde hace un tiempo se recurre a ella como reemplazo de la fibra de asbesto en la industria de fibrocemento. No en vano la fibra de la guadua ha sido calificada como “acero vegetal” por científicos de la Universidad de Bremen.

Chile, la excepción

Aunque Colombia, Ecuador y Venezuela constituyen los países de América Latina con mayor presencia de guadua, en realidad esta variedad del bambú crece en el continente desde San Luis Potosí, en México, hasta los treinta y cinco grados de latitud sur en Argentina. Curiosamente, la única nación continental en donde no crece la guadua es Chile. En algunas islas del Caribe en donde originalmente no se daba la guadua, como Puerto Rico, Haití y Cuba, se ha logrado introducir con éxito. En todo caso, la guadua se da especialmente entre los quinientos y los mil quinientos metros de altura sobre el nivel del mar, pero finalmente crece en todos los pisos térmicos.

Rígidos y elásticos

Gracias a sus tallos robustos, cilíndricos, huecos por dentro y de paredes muy resistentes —precisamente comparados con los huesos largos del cuerpo humano, como el fémur—, la Guadua angustifolia está catalogada como uno de los veinte mejores bambúes del mundo, entre las más de mil doscientas especies catalogadas.

Es muy apreciada por su rápido crecimiento. Mediante el método de propagación de chusquines (plántulas pequeñas con raíces unidas al rizoma madre), que es sin duda el más recomendado, cada retoño puede producir en solo cuatro meses entre siete y diez nuevas plantas.

Una de las características más apreciadas de la guadua es que sus delgados y empinados tallos, entre otras razones porque son sometidos durante su crecimiento a las fuertes embestidas de los vientos, desarrollan al mismo tiempo notables propiedades de rigidez y de elasticidad, condición que los convierte en sismorresistentes cuando son empleados en la construcción.

Hojas caulinares de guadua (Guadua angustifolia). Foto: Ana María Mejía

El arquitecto de la guadua

Manizaleño, egresado de la Universidad de los Andes, Simón Vélez es probablemente el arquitecto que más despliegue le ha dado a la guadua en el mundo. Se interesó en ella animado por el ejemplo de su abuelo, que tenía la afición de construir casas atípicas en las fincas de la familia empleando materiales naturales. Justamente, Vélez recibió en 2009 uno de los premios más importantes de arquitectura en el planeta, el Príncipe Claus, por “el empleo estético de materiales naturales”.

Simón Vélez ha diseñado numerosas y muy admiradas obras de arquitectura en Colombia que dan buena cuenta del empleo de la guadua, como el puente que marca la salida de Bogotá en la carretera a Medellín, o el bello Recinto del Pensamiento, a las afueras de Manizales. Entre sus obras más conocidas se encuentran el Pabellón de la India, en Expo Shanghái; el Museo Nómada, en el Zócalo del Distrito Federal de México; el Pabellón Zeri, en la expo de Hannover en el año 2000, y el hotel Ecolodge, en Cantón, China. También tiene obras con empleo de la guadua en Francia, Estados Unidos, Brasil, Jamaica, Panamá y Ecuador.

Una de sus frases más célebres en relación con la guadua es que se trata de un material que, más que sismorresistente, se comporta como sismoindiferente.

Banca en guadua (Guadua angustifolia). Foto: Ana María Mejía

El bosque que camina

El lugar donde se siembra guadua se conoce como el bosque que camina, porque en muy poco tiempo la planta empieza extender sus raíces a la vista de los caminantes, a crear caminos propios y a promover el nacimiento de nuevos tallos a unos cuantos metros del lugar original.

Además de contribuir con un aire más limpio y de proteger las fuentes de agua, los guaduales constituyen importantes ecosistemas en sí mismos. En su interior crecen las heliconias y las orquídeas, reptan las serpientes, vuelan mariposas de los más diversos colores, caminan en fila india las hormigas y llaman la atención los pájaros carpinteros cuando golpean los troncos huecos de la guadua y se dejan oír a cientos de metros de distancia. Por las condiciones de sombra y de temperatura que se generan en el interior de un guadual, se benefician diversas especies animales y sotobosques.

Isla de guadua entre cañaduzales. Foto: Federico Rincón Mora

Las plantas más constantes

 

Familia Nombre científico Nombre común Usos
Poáceas Bambusa sp. Bambú Altamente apreciada en construcción de interiores
Poáceas Bambusa vulgaris Guadua amarilla, bambú Utilizada por los indígenas como desinfectante
y como afrodisíaco
Poáceas Chusquea sp. Guadilla, bambú andino Tallo utilizado para la fabricación de canastos y sombreros
Poáceas Gigantochloa sp. Bambú gigante En Indonesia, las plantas jóvenes se consumen como verduras
Poáceas Guadua amplexifolia Guadua Utilizada con diferentes fines artesanales
Poáceas Guadua angustifolia Guadua Altamente apreciada en arquitectura y diseño
Poáceas Guadua glomerata Guadilla Su sólido culmo la hace útil en la industria de muebles
Poáceas Guadua paniculata Guafa Utilizada en construcción para detalles finales
Poáceas Guadua sp. Guadua Apreciada en construcción por su resistencia y rápido crecimiento
Poáceas Guadua superba Guadua marona Utilizada para la elaboración de canastos y artesanías
Poáceas Guadua weberbaueri Guadua gigante Utilizada para la elaboración de canastos y corrales
Poáceas Phyllostachys aurea Bambú, guadilla Planta ornamental. Sirve de barrera y soporte
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