El sabio Hernández

Por Ana María Cano
Publicado en Savia Oriente

 

Al precoz interés en la ciencia cuando estudiaba en el Liceo Cervantes, de Bogotá, debemos la clasificación que Jorge Ignacio Hernández Camacho hizo del refugio biótico del Catatumbo y las unidades biogeográficas de Colombia que dividió en nueve regiones.

En su familia, su mamá, Paulina Camacho, y su abuela suplieron el no haber estado cerca a su papá: lo introdujeron en el latín y el griego y le abrieron las puerta de las ciencias. Por ser compañero en el colegio de los hijos del botánico Armando Dugand, el “Mono” a los doce años accede al Instituto de Ciencias de la Universidad Nacional. Pasa al herbario para comprender las plantas y lo nombran auxiliar antes de graduarse del Cervantes. Decide estudiar ecología en la Universidad de Southern, en Estados Unidos, y a los 17 años hace su primera publicación botánica con el sabio García Barriga y el propio Armando Dugand.

Fue uno de los profesores más jóvenes de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional. Durante veinticinco años trabaja con el Instituto Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del Ambiente (Inderena), que sería el Ministerio de Medio Ambiente, donde investiga la fauna. Hace muchas descripciones botánicas endémicas de Colombia y de anfibios, reptiles y mamíferos. Al cierre del Inderena crea la Fundación para la Conservación del Patrimonio Natural BioColombia, que dirige hasta su muerte en 2001.

Este científico bogotano, conocido como Mono Hernández, trabajó para formar las áreas protegidas en Colombia y es considerado padre de los parques naturales. Su sello está en los refugios bióticos que clasifica: Santa Marta, Catatumbo, Nechí, San Jorge, Alto Magdalena, Villavicencio, Florencia, Putumayo y Apaporis. Y también describe las nueve provincias biogeográficas de Colombia: Oceánica insular Caribe, Oceánica insular Pacífico, Cinturón árido caribeño, Macizo de la Sierra Nevada de Santa Marta, Chocó, Orinoquia, Guyana, Amazonia, Andina. Habla de la altillanura drenada del sur del río Meta y de los llanos de Arauca-Casanare mal drenados.

El Mono Hernández integra las investigaciones de la biodiversidad colombiana y logra la definición de los biomas: “formaciones de clímax, que se caracterizan por la uniformidad fisonómica del clímax vegetal y por la composición de la biota representada, de tal manera que a una formación clímax vegetal, corresponde una fauna característica, empero, la vegetación imprime al paisaje general, rasgos más característicos y conspicuos”.

Él recorre el país con su esposa Julia Sánchez, zoóloga. Y como si fuera hasta que la muerte los separe con la ciencia, cuando está en el canal del Dique, en medio de un paisaje de bosques de corcho, en septiembre de 2001, el Mono Hernández sufre un ataque fulminante al corazón. En este lugar se crea el Santuario de Flora y Fauna El Corchal Mono Hernández, en su memoria. Y en Caucasia, el Jardín Hidrobotánico Jorge Ignacio Hernández Camacho, reserva de especies endémicas. En 2011 se crea el Fondo de Investigaciones Mono Hernández, con apoyo de la agencia usaid de los Estados Unidos. Al morir, acababa de recibir el premio a la obra integral de un científico, por cuarenta y nueve años de entrega a la tarea del medio ambiente, que le concedió la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

En el recorrido del Oriente en Colombia, las huellas del Mono Hernández salen al paso como constancia de su pasión por la naturaleza de este país.

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