El sabio Valenzuela

Por Ana María Cano
Publicado en Savia Oriente

Al encontrar por azar a los 13 años a José Celestino Mutis en Cócota de Suratá y recibir de él la invitación para formarse en filosofía en el recién fundado Colegio Mayor del Rosario en Santa Fe de Bogotá, a Juan Eloy Valenzuela se le abrió un camino de ciencia y pensamiento que lo llevó hasta ser subdirector de la Expedición Botánica en el año de 1783.

Del bachillerato en aquellos claustros pasó a doctorarse en matemáticas, ciencias naturales y medicina, a la vez que seguía su llamado eclesiástico que atendió desde el primer instante. Su obediencia al rey de España lo llevó durante cinco años a la Mina Real del Sapo, en los alrededores de Tolima, y allí recibió el nombramiento en la más importante empresa de Historia Natural en la América Septentrional, la Real Expedición Botánica.

Su laboratorio y sede de operaciones fue Mariquita, donde artistas y científicos estaban reunidos en la tarea de inventariar la naturaleza de este mundo desbordante. El atento científico Valenzuela, iniciado en la revolución de Coopérnico y en el saber del sabio sueco Linneo, recibía además, en un constante intercambio de cartas con su maestro Mutis, las noticias de primera mano que sobre la ciencia en el mundo le llegaban a este a través de una rica correspondencia.

En el momento en que las ideas de la Ilustración hacen que comience a gestarse la República de Colombia, la obediencia al rey hace que Eloy Valenzuela renuncie y que lo reemplace en la Expedición Botánica Francisco Antonio Zea, para irse definitivamente a cumplir su tarea con la Iglesia católica, encerrándose en su tierra natal San Juan Girón.

Unos años después va a promover en Bucaramanga el proceso de transformarla de poblado a asentamiento urbano, al tiempo que asiste a sus habitantes con sus conocimientos de medicina, por lo que ellos lo llaman “el doctor Valenzuela”. Pero su labor también le permite recomendar el uso de nuevos pastos; investigar sobre la caña; sembrar trigo en la parte alta y hacer un molino en el río Suratá; tener una huerta en su casa donde comprobaba todo lo aprendido en Mariquita; experimentar con la quina para curar el bazo; con la miel de caña para las úlceras y la disentería; clasificar las plantas y probarlas, y escribir una taxonomía de todo cuanto usó e hizo en una obra llamada La flora de Bucarama, que luego por ausencia de cuidado desapareció. Pero su huella botánica quedó en los feligreses de Bucaramanga, Girón, Floridablanca y Piedecuesta, quienes, como en el resto de Colombia, acataban con respeto al Cura Valenzuela.

El aprecio de sus coterráneos se ha traducido en el Jardín Botánico de Santander, en Floridablanca, consagrado a su nombre, y en haber mantenido vivo el estudio sobre las plantas medicinales que el científico propició toda su vida.

A raiz de los acontecimientos políticos que revolvieron en Colombia los ánimos, él decidió aislarse y encontrar en el silencio un solaz. Pero era tan confuso cuanto ocurría que a su casona, mientras él dormía en su hamaca momposina, entran dos asaltantes, los hermanos Bretón, que en apariencia van en busca de tesoros, y con un puñal lo dejan malherido y muere el primero de noviembre de 1834, a los 78 años. Los dos asesinos, hijos de un negociante de rentas de licor, son castigados por ocasionar este deplorable final a quien entregó sus días a buscar el conocimiento y contribuir con él a los colombianos que apenas veían despuntar una nación y un territorio todavía desconocido.

Eloy Valenzuela es un sabio clave en el Oriente y en el resto del país.

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