La opulencia ignorada

Quizás un libro como este ayude a Colombia a acercarse a esta realidad próspera, sobrecogedora, de un territorio ignoto como es el Amazonas - Orinoco.

Tener de frente la desmesura de las cuencas del Amazonas y del Orinoco para abordarlas y extraer de ellas el segundo volumen de la Colección Savia, constituyó un fascinante desafío que asumimos con una mezcla deslumbrada de espíritu científico y ánimo aventurero que nos permitió sentir en sus interminables trochas las pulsaciones de la Colombia más remota.

Este otro país inmenso, plano, que coloreamos de verdes en los mapas de la infancia y en la adolescencia lo soñamos como una jungla de ruidos feroces y de pantano devoradores, es un país más grande incluso, inconmensurable casi, habitado por colombianos totales que viven de lo que les da la tierra, del inmenso tesoro botánico que los socorre y al que han domesticado para valerse de sus virtudes en la medicina, en la alimentación, en la construcción de sus viviendas, en la magia y en la aplicación de sus talentos artísticos.

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A esta opulencia está destinado este segundo tomo de Savia. A contar eso que hay en sus sabanas airosas, en los recovecos de sus humedales, en la penumbra de sus junglas. A eso que florece en las riberas de estos ríos que atraviesan bosques y forman caños y hacen esteros. A registrar esta naturaleza de la que viven sus habitantes, vencedores todos los días en la lucha por la supervivencia que libran en lejanías inverosímiles. A esta fortuna que tenemos los colombianos de poseer dos cuencas de estos ríos atronadores, que forman dos mundos aparte aunque comparten subregiones, culturas, hitos geológicos, vegetación y esperanzas, al Amazonas-Orinoco, está dedicado este Savia que continúa con la Colección iniciada en el tomo primero dedicado a hacer un inventario botánico del Caribe.

Nuestro asombro ante semejante benevolencia de la naturaleza no hace más que reiterar lo hallado por científicos colombianos y extranjeros que han recorrido estas tierras bendecidas. Intrépidos todos, héroes todos por sortear los impedimentos para sus exploraciones, son muchos quienes se han atrevido a hurgar planicies y selvas para saber su contenido. Entre ellos, José Jerónimo Triana y Hernando García Barriga, colombianos, y Richard Evans Schultes, estadounidense, son objeto de apenas obvios reconocimientos en este libro; y Wade Davis, el antropólogo y explorador botánico de la Amazonía, autor del ya mítico libro El río, nos ha hecho el honor de presidir los actos académicos de presentación de este volumen de Savia.

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A toda esta tierra sobre la que ellos y muchos otros pusieron los ojos y el corazón y que ha sido mirada por siglos con desdén por la Colombia apretujada en el centro de sus cordilleras o en las planicies de sus valles urbanizados, le dedicamos en la Colección Savia conciencia e ilusión para lograr este libro. Una tierra que ha sido mirada más que con desdén, con ignorancia. Más que con desdén y con ignorancia, con incertidumbre porque no ha habido sobre estos 768.556 kilómetros cuadrados (el 67,3 por ciento de la tierra firme de Colombia) una orientación.

Su historia está hecha de bandazos y ha sido construida, por larguísimos años, por bandidos dada la ausencia del Estado, de una política de Estado que le defina la vocación y ponga toda esta extensión prodigiosa al servicio del desarrollo íntegro. Una política sostenible, cualquiera que sea pero que sea, le aportaría a Colombia unos recursos naturales que envidian todos en un planeta escaso de ellos, ubicados en una región donde cabría sobradamente dos veces Alemania.

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Quizás -y esta es la razón que inspira la Colección Savia-, quizás un libro como este ayude a Colombia a acercarse a esta realidad próspera, sobrecogedora, de un territorio ignoto. A que este Amazonas – Orinoco no sea esa mancha de verdes que vemos en el mapa sin verla, es a lo que queremos invitar con este volumen de este Savia II. A que la miremos detenidamente en su dimensión y en las maravillas que guarda. A que de repente, al abarcarla, le demos a esta región la dimensión que Borges le concede a la India: la Tierra es grande, pero Amazonas-Orinoco es más vasta.

-Grupo Argos-

 

 

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