El sabio Gentry

Por Ana María Cano
Publicado en Savia Pacífico

Los botánicos conservan para la posteridad una figura impecable como corresponde a un científico, pero este ejemplar es el expedicionario de campo clásico del que se conoce la imagen sudorosa en medio de la vegetación enmarañada. Experto en la descripción y clasificación de plantas tropicales, fue pionero en la conservación botánica tropical y murió en un accidente de avioneta cerca a Guayaquil, en Ecuador, con otro conservacionista en una excursión, para él la final. Hoy tendría 69 años.

Al le decían a Alwyn Gentry sus allegados; nació en Kansas, Estados Unidos, y allí estudió física pero varió su vocación al saber que en botánica las plantas tropicales estaban casi inéditas. Y él, que desde su niñez fue destacado en ciencias naturales, supo ya adulto que a los que observa ban la naturaleza los llamaban científicos y les pagaban por hacerlo. Reorientó su vida a la botánica y la zoología y conoció América Latina en un verano universitario en la Organización para los Estudios Tropicales de Costa Rica, donde su pasión por la flora se volvió incontrolable. Murió en 1993 cuando evaluaba para Conservación Internacional esto que integró de técnica botánica tradicional con tecnologías de punta para analizar ecosistemas. Hoy su nombre denomina una beca en el jardín botánico de Missouri para botánicos suramericanos y un premio para conservacionistas.

Fue diestro al extraer información y aplicar técnicas de varias disciplinas científicas para estudiar las plantas tropicales en sus propios ecosistemas. Optó por doctorarse en la máxima expresión botánica: la polinización y lo que significa en la evolución de las especies; clasificó la familia Bignoniaceae, de flores que se ofrecen como trompetas al insecto atraído. Su director de tesis describió a Gentry como un genio con capacidad de observación y retentiva que no olvidaba una planta así la hubiera visto solo una vez. De allí que su eponimia (homenaje que su nombre rinde a sus descubrimientos) alcanza doscientas ochenta especies botánicas.

Dedicó horas al jardín botánico de Missouri para completar sus clasificaciones, y allí fueron sus honras fúnebres. Pero el Pacífico y su flora abarcada entre Perú, Ecuador y Colombia fue su laboratorio experimental. Usó transectos y parcelas para determinar cuántas y cuáles especies de plantas estaban amenazadas y su trabajo sirvió al Programa Rápido de Conservación Internacional, en cuanto que su vida la donó a la biodiversidad tropical amenazada y fue premiado como solucionador de problemas del medio ambiente, materia de la que fue académico.

En veintiseis años de trabajo de recolección, organización y difusión logró en  ochenta y seis expediciones de campo colectar cerca de ochenta mil especímenes de plantas, muchas nuevas para la ciencia, en treinta y cinco países tropicales estudiados y visitados. Su corta vida le alcanzó para dar conferencias, cursos y talleres, dirigir tesis y escribir doscientos ocho libros y artículos.

Su obra prodigiosa fue la Guía de campo de las familias y géneros de plantas leñosas del noroeste de América del Sur que mostró cómo identificar las plantas con la corteza, el olor y las hojas y no con la flor o el fruto, que no siempre están presentes.

De Gentry es la afirmación certera “las selvas del Pacífico colombiano y en especial las de Chocó contienen la proporción más elevada de endemismo específico de todo el continente”. Atribuye al aislamiento geográfico la peculiaridad de esta selva, y halló que la riqueza en especies vegetales en comunidad se aumenta directamente por la precipitación en la zona. Descripción que da justo significado a la botánica del Pacífico colombiano.

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