El sabio Mutis

Por Cristina Lucía Valdés
Publicado en Savia Andina

 

Una vida no le fue suficiente. Su mente era un laboratorio en constante ebullición: médico, filósofo, químico y botánico; profesor de ciencias naturales y matemáticas, astrónomo y bibliófilo. Si alguien merece llevar el título de sabio es José Celestino Mutis, hijo de un librero oriundo de Ceuta y de una madre gaditana; nacido él también en Cádiz, un 6 de abril de 1732.

De todos los títulos que ostentara a lo largo de su vida, fue el de director de la Real Expedición Botánica uno de los más prominentes. En 1757, a los veinticinco años, José Celestino Bruno Mutis y Bosio llega a Madrid, donde se gradúa como médico. Durante esos años profundiza en el estudio de las plantas en el Jardín Botánico del Soto de Migas Calientes, siguiendo los lineamientos del científico y naturalista sueco Carlos Linneo, con quien mantendría estrecha correspondencia toda la vida.

Mutis, hechizado con los relatos que sobre América hacían los marineros que atendía en el hospital de Cádiz y con la idea de reseñar la riqueza botánica de esas exóticas tierras, decide embarcarse hacia la Nueva Granada, entonces bajo el mandato del virrey Pedro Messía de la Cerda, en calidad de médico de cámara. El viaje inicia en Cádiz en julio de 1760 y termina en Cartagena tres meses después.

Durante veintitrés años sus proyectos de una expedición botánica por el nuevo reino no encuentran eco en España, pero asume la cátedra de Matemáticas del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario.

En 1772 Mutis recibe apoyo del nuevo virrey Manuel de Guirior; ese mismo año entra al sacerdocio y se ordena; también encuentra quina en el monte de Tena, descubrimiento importante para las ambiciones de la Corona.

Pasaron veinte años desde que el sabio hiciera la propuesta de la expedición al rey Carlos III, hasta que se cristalizara y Mutis se instalara en Mariquita, donde la travesía botánica inició actividades el 29 de abril de 1783, en marcha hacia La Mesa. Sus colaboradores, además del pintor Pablo Antonio García, fueron Eloy Valenzuela, fray Diego García, Salvador Rizo, Francisco Antonio Zea, Jorge Tadeo Lozano y Francisco José de Caldas.

La Corte empezó a presionar por conocer los resultados de los trabajos. En Santafé, Mutis reorganiza la expedición, y a la vez propone crear un observatorio astronómico y contribuye a formar la Sociedad
Patriótica del Nuevo Reino de Granada.

Hacia el final de su vida elaboró el nuevo plan de estudios para la reapertura de la facultad de Medicina del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, que firmó en 1805. El sabio falleció tres años después, un 11 de septiembre.

Sus trabajos quedaron inéditos. Algunas descripciones de especies de su autoría fueron publicadas por Linneo padre e hijo, Humboldt y Bonpland. Su expedición sumó treinta y cuatro años de labores, y, al finalizar, los materiales —láminas, semillas, fósiles— se enviaron en ciento cuatro cajones a España en 1816. Fue la expedición que más gastos significó, en comparación con las realizadas en Perú, Chile, Nueva España y Cuba. Tuvo diecinueve pintores simultáneos y una escuela de dibujo. Paradójicamente, dicen los historiadores que fue la que menos zonas exploró: los alrededores de Bogotá y las regiones de Pedro Palo, Tena, La Mesa de Juan Díaz, las zonas circundantes a la vía Honda-Santafé, Muzo, La Palma y el valle del río Magdalena, desde Honda hasta Melgar. Pero la huella del gaditano fue la piedra angular del desarrollo de la botánica en Colombia y está presente en los trabajos posteriores de aquellos naturalistas y botánicos criollos que continuaron su legado.

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