El Sabio Patiño

Por Ana María Cano

Este botánico germinal nace en Zarzal, en el Valle, en 1912 y muere en 2001 en Cali, a los 89, tras una vida fértil y útil. Víctor Manuel Patiño surge de la dificultad económica hasta llegar a ser premiado como investigador y científico; él, que concilia la técnica con el humor, la poesía con la enseñanza, el rigor con la literatura, como un humanista cabal. Su sello es el de apoyar la agricultura colombiana como tabla de salvación para la penuria social. Menudo y recio a la vez, con palabras escasas pero pródigo al investigar sobre lo concreto.

Él mismo, que a los 14 años tiene que hacerse alfarero como su papá y deja sus estudios para sostener a la familia de ocho hermanos, es quien recibe después muchas becas, incluida la Guggenheim. Experto en horticultura, recorre Suramérica buscando semillas de maíz; funda en el bajo Calima, selva del Pacífico, la Estación Agroforestal del Litoral y adelante cultivos de palma africana y cultivos autóctonos de caucho y chontaduro.

Encomendado por el Ministerio de Economía Nacional, hace su mayor colección de semillas con seis mil muestras de maíces nativos y fríjoles recolectadas a través de países andinos; el producto lo envía a la estación experimental Tulio Ospina en Medellín y a Colorado en Estados Unidos. Recolecta clones de yuca y leguminosas forrajeras en Latinoamérica. Maneja en Mompox una estación arrocera. Va al Brasil como horticultor, materia que aprendió en Bogotá. Estudia las oleaginosas en el Valle para desarrollar la industria de aceites vegetales, incipiente en los años sesenta. Funda el Jardín Botánico del Valle y asesora otros. Va de aquí para allá.

Sabio patiño

Es autor prolífico. Lanza, en 1977, Recursos naturales y plantas útiles en Colombia. Aspectos históricos; la bibliografía es de cien páginas. Recoge el Fitofolklore de la costa colombiana del Pacífico en 1953, y encuentra espacio para hacer una antología de más de mil poemas sobre el tema en La flora en la poesía, raro tesoro que data de 1976. Cierra la gran producción personal al condensar su experiencia e investigación, en la Historia de la botánica y de las ciencias afines en Colombia, de 1985. En ella se despliega su visión crítica de muchos acontecimientos y no teme expresarse porque lo caracterizan la buena memoria y el espíritu rebelde. Cuando se jubila, como colofón recopila la Historia de la cultura material en la América Equinoccial, ocho tomos publicados por el Instituto Caro y Cuervo donde no desdeña ningún rasgo de la vida cotidiana.

Su búsqueda persistente es conservar los recursos nativos vegetales de los empresarios codiciosos y a la vez buscar su selección y mejoramiento. Introduce en Colombia los búfalos de agua. Su trayectoria como maestro es extensa, y en ella sobresale la organización de una Escuela Vocacional de Silvicultura, a la que asisten obreros y técnicos. Es doctor honoris causa de la Universidad del Valle. Comparte con Cuatrecasas expediciones  y con sus pupilos conversaciones, cervezas y consultas. Muere tranquilo en su casa sin haberse casado y sin hijos, pero acompañado de su fiel colaboradora Inés Mireya Calvo.

Lo recuerdan los botánicos con la eponimia de su nombre dado a sesis géneros y especies vegetales. Aplicar el conocimiento es la siembra fértil del sabio Patiño; su lección, conservar recursos botánicos y animales; su logro, fundar instituciones académicas y publicaciones; su impulso al campo, en Colombia el hacerlo más eficiente, por lo que su tarea alcanza al resto del continente. Su Autobiografía es sugestiva para nuevas generaciones de apasionados y se encuentra publicada por el Instituto Caro y Cuervo.

Publicado en Savia Pacífico.

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