El sabio Pérez Arbeláez

Para contar la historia de este naturalista nacido en Medellín en 1896 hay que remontarse a cuando la casa de la Expedición Botánica era derrumbada, el Observatorio Astronómico clausurado, y los hallazgos de la que fuera una de las iniciativas más importantes en conocimiento de la botánica del país se pudrieran en cajas selladas en un lugar cualquiera de España.

Esta sensación de abandono y conocimiento extraviado fue la que impulsó años más tarde al sacerdote jesuita, científico y educador Enrique Pérez Arbeláez a retomar las banderas del trabajo al que habían dedicado su vida José Celestino Mutis y sus discípulos criollos.

Hijo de un general y una dama de la sociedad paisa, el sabio Pérez Arbeláez llega muy niño a Bogotá a vivir con sus abuelos maternos, el general Juan Clímaco Arbeláez, quien le inculcó el amor por los bosques, y doña Enriqueta Urdaneta.

Cursa su bachillerato en el Colegio San Bartolomé, de los jesuitas, y luego viaja a Burgos, donde estudia filosofía y teología, lo que lo llevaría a ordenarse en 1926. En Alemania continúa su carrera de Biología en la Universidad Luis Maximiliano de Múnich, y bajo la tutoría del profesor Karl von Goebel, director del Jardín Botánico de Nymphenburg, hace su especialización en plantas inferiores. Estando en Madrid se entera de que los botánicos españoles se encuentran interesados en publicar la Flora de Mutis, y pide ser incorporado al proyecto. Entusiasmado, regresa a Colombia y retoma la expedición, dándole su toque y ruta personales.

Corre el año 1928 y Pérez Arbeláez decide crear el Herbario Nacional de Colombia, como primer paso. A mediados de los treinta publica una especie de biblia para los botánicos: Plantas útiles de Colombia, Tomo I. Es un libro de gran relevancia gracias a la cantidad de datos científicos que contiene: un total de 1.070 numerales correspondientes a más de 1.920 especies y un índice lexicográfico de más de 70 páginas.

El 6 de agosto de 1936 se inaugura en la Ciudad Universitaria de la Universidad Nacional de Bogotá el Herbario Nacional Colombiano, lugar donde también funcionaría el Instituto Botánico.

El sacerdote fue precursor de la Academia Colombiana de las Ciencias y del Departamento de Botánica de la Universidad Nacional, que en 1940 pasó a llamarse Instituto de Ciencias Naturales, que él mismo dirigió.

Pérez Arbeláez escribe e ilustra para la enseñanza escolar el primer manual de botánica colombiana, para reemplazar los textos extranjeros. “Es —dice él—, como si se enseñara la lengua castellana en libros ingleses o japoneses”. La Botánica colombiana elemental vio la luz en 1942. A los sesenta y cinco años comienza a publicar la serie Recursos naturales de Colombia, sobre el clima, la geomorfología, rocas y suelos, entre otras tamáticas. Su proyecto de publicar la Flora de Mutis vio la luz en 1954, luego de viajes a Mariquita y La Mesa de Juan Díaz, y a jardines botánicos de España.

El 6 de agosto de 1955, Pérez Arbeláez logra que el Jardín Botánico de Bogotá se independice como centro de investigación y conservación de la flora andina. El sabio, quien también era un gran dibujante, intervino en los planos de la estructura del jardín y luego se encarga de la recolección de semillas y especies en los bosques de los Andes.

Sus últimos años de vida los dedicó a continuar recolectando ejemplares, y con ese propósito viajó a La Guajira en diciembre de 1971, pero sufrió una trombosis. Ya en Bogotá, y después de visitar su amado jardín, murió el 22 de enero de 1972, a los setenta y seis años de edad.

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