El viaje de las lilas

Matilde Espinosa

Tal vez en una choza

quizá bordando

la orilla de un sendero,

tal vez entre las zarzas,

las lilas resistieron

la soledad y el frío.

 

La mañana de invierno

las puso entre las manos

ásperas de la tierra:

manos del indio,

penumbra trabajada,

temblor humilde

al encontrar las flores

que deslumbraron su mirar profundo.

 

Las tomó sin saber

si ellas serían

la primicia de amor para los cielos,

o el aroma

que nunca antes tuvieron

su cuerpo ni sus manos.

 

Como un tesoro prisonero,

debajo de la tela de hilos duros,

castigada por vientos y por lluvias,

viajó la flor de pétalos maduros

y amaneció en la aldea.

 

También para mis ojos

fueron deslumbramiento.

Quién sabe qué raíz,

qué semilla perdida,

qué augural pesadumbre

dejó caer sobre la tierra

el ducle pabellón violeta claro.

 

Quién sabe si en la noche,

de tempestad o estrellas,

de páramo y de nieves,

las lilas entreabrieron sus corolas

para el indio que apenas fue mensaje.

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