En el río Magdalena

Julio Flórez

Fulge del río el agua plañidera;

y un roble, ya decrépito y sombrío,

que se está deshojando en la ribera,

mira rodar sus hojas en el río.

 

¿Qué importa el roble aquel que Flora vuelva?

No reverdecerá… ¡Seco y a solas,

aquel titán –despojo de la selva-

seguirá deshijándose en las olas!

 

¡Oh, roble, hermano mío! Ribereños

somos de dos raudales que en su huída

arrastran: ¡uno, llanto; el otro, leños!

 

¡Yo también, con el anima renbdida,

mirando estoy el polvo de mis sueños

rodar sobre los tumbos de la vida!

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