Gualanday

Eduardo Carranza

Gualanday tiene el agua que sube la escalera

de la palma y en ciega frescura musical

-corazón de los cocos- palpita en la frontera

de la nube y la estrella con pulso de cristal.

 

Tiene el jugo redondo del sol que la primera

fruta da en la bandeja blanca del naranjal

y la caña de azúcar donde está prisionera

la dulzura cual una doncella vegetal.

 

Hay una niña. Lleva la ciruela sonriente

del beso y va mordiendo a la tierra caliente

en un níspero. El aire, tibiamente, a rizar

 

la verde brisa hebrada de guadual se detiene;

y es una yegua joven la mañana que viene

con las crines de sol al viento y al palmar.

 

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