Caparrapí

Publicado en Savia Andina

Cuando la cordillera Oriental se adentra en el noroccidente del departamento de Cundinamarca, se abren dos pequeños brazos montañosos: uno hacia el oriente y otro hacia el occidente. En este último, a 1.271 metros sobre el nivel del mar, está ubicado Caparrapí, un municipio de casi veinte mil habitantes, pueblo panelero y ganadero, con una riqueza hídrica que está en las aguas de los ríos Negro, Pata, Cambrás y Nacopay.

Pero no fue este el lugar que originalmente ocuparon los indios caparrapas antes de la entrada de los españoles en 1560. Fue un poco más hacia el occidente donde se asentaron por primera vez, en un lugar que hoy es llamado El Valle por estar ubicado en el filo de una montaña, en toda la confluencia de la quebrada Guatachi con el río Negro. Caparra en lengua calima significa barranco, y pi, habitante. De ahí el nombre de esta población que fundó don Antonio Toledo y que quedó establecida a veintidós kilómetros de distancia, colina arriba, en el mismo sistema montañoso de los Andes.

Iglesia y parque de Caparrapí, Cundinamarca. Foto: Ana María Mejía

Caparrapí, hasta el año 2013, era un pueblo distante de Guaduas y Puerto Salgar, sus vecinos mayores. Ese año fue inaugurada la Ruta del Sol, y su nombre comenzó a sonar más en los oídos de los viajeros que por allí circulan. Pero antes de ser reconocido por estar su nombre en los avisos de tránsito de esta carretera y por el turismo ecológico que ofrece la cuenca del río Pata, fue famoso por la presencia de una especie arbórea que es única en el departamento de Cundinamarca.

Se trata de la Ocotea caparrapi, conocida también como aceite de caparrapí, aceite de palo o aceituno. Esta es una especie de la familia de las lauráceas, que se da en una altitud promedio de mil doscientos metros sobre el nivel del mar, descrita por Dugand a mediados del siglo xx. Se le atribuyen innumerables bondades medicinales como antirreumático y antiofídico, se usa para combatir fiebres palúdicas y afecciones pulmonares y en 1996 descubrieron que su aceite, que se extrae del duramen, posee actividad citotóxica que ayuda a combatir el cáncer.

Caparrapí (Ocotea caparrapi). Foto: Ana María Mejía

Las propiedades del caparrapí no han estado solamente en la mira de la medicina. Su madera es también valiosa por su uso en ebanistería y enchapes de interiores, razón por la cual su presencia ha disminuido de manera alarmante y es considerada una de las especies más amenazadas del país.

Para conocer este árbol que llega a tener siete metros de alto y es de hojas largas carrasposas, solo basta ir a la plaza principal de este pueblo en Cundinamarca, a ciento sesenta y nueve kilómetros de Bogotá, donde el ruido de la constante lluvia se mezcla con el cauce de tantos ríos que lo rodean y donde el caparrapí sobrevive orgullosamente al uso y al abuso de la historia de nuestros bosques.

Etiquetas: , , ,

Más de Presentación en Sociedad ...

Caparrapí

Rodeados por las aguas que bajan por el filo de la montaña donde está Caparrapí, sobreviven estos árboles de infinitas propiedades.

Heliconia

Más que heliconias, esas plantas de las que hay censadas más de cien especies, en este pueblo de Antioquia lo que hay son mitos y leyenda.

Fresno

De una fertilidad asombrosa, este pueblo del Tolima hace honor al árbol cuyas flores amarillas como soles vegetales lo han iluminado siempre.