Flauta de Millo

Flauta sacada de la caña de millo, muy parecida a la caña del maíz. Da una melodía como de clarinete. Además de instrumento musical, esta planta produce un grano alimenticio. Foto: Ana María Mejía / Cartagena, Bolívar.

 

Este instrumento melódico es usado por los ‘grupos de millo’ de la costa Caribe colombiana para interpretar los ritmos de cumbia: corridos o ‘jalaos, puyas, perilleros, farotas y garabatos. La flauta recibe el nombre de la planta con la que se fabricó inicialmente: el millo, una especie de maíz que era cultivado para obtener un cereal fino con el que se elaboraban bollos, similares envueltos de mazorcar del centro del país. Sin embargo, la caña del millo resultaba tan frágil que al mojarse, perdía la forma y al golpearse o recibir presión, se rajaba. Por ello, se inició la fabricación de flautas en corozo o ‘lata’, como se le conoce en Córdoba y Sucre a esta planta que se siembra de manera intensiva para obtención del fruto. Contrario al millo, el tronco del corozo resultó tan rígido que el músico debía soplar con mucha fuerza para hacer vibrar la lengüeta y generar el sonido. La resistencia en este caso, jugó en contra de la interpretación del instrumento.

La búsqueda llegó al carrizo (Arundo donax), una planta que, además de encontrarse en el nivel óptimo de rigidez, resultó ideal para la fabricación de flautas porque no tiene bagazo en la mitad, con lo cual, el fabricante se ahorra por lo menos dos horas de trabajo.

Esta planta es una caña de apariencia similar al bambú, que crece en las orillas de los arroyos y puede alcanzar cuatro metros de altura en su punto máximo de desarrollo. Sin embargo, para elaborar flautas lo ideal es que el carrizo no sea maduro porque puede ser muy grueso y dificultar la generación de sonido. Por eso, lo ideal es que la planta tenga entre dos y tres metros de altura. Lo primero es cortar una caña verde y dejarla secar a la sombra durante una semana. Cuando toma un color amarillento se cortan pedazos de dos segmentos (un nudo de por medio) y con una varilla se amplía el orificio del carrizo, del lado que se abrirán los huecos de las notas. Después de covar, se corta de nuevo, esta vez con la medida de la flauta: 31 cm si se va a finar en Do mayor, y 25 cm, si quedará en Mi bemol.

El siguiente es uno de los pasos determinantes en el proceso de fabricación: la apertura de la lengüeta, que es una ranura que se abre en uno de los extremos de la caña y genera el sonido característico de la flauta de millo. Para asegurar que la caña no se raje en esta operación se amarra una cuerda o cabuya delgada a cinco milímetros del borde, y desde allí se miden cinco centímetros hacia el centro del carrizo. Con un bisturí se abren dos ranuras paralelas a tres o cuatro milímetros de distancia, hasta llegar a la cuerda y se separa el segmento del resto de caña con un hilo que además le servirá al músico para afinar el instrumento.

Solo si este paso se logra con éxito se inicia la apertura de los cuatro orificios que marcan las notas. El primero se debe situar a la misma distancia del borde que la parte interna de la lengüeta: es decir, cinco centímetros y medio. Los otros tres se abren a un centímetro y medio de distancia entre sí. Por último, se desbasta el grosor de la lengüeta para que vibre con mayor facilidad y si el sonido aún no es el deseado, se continúa covando el tubo, por el extremo de las notas. Un fabricante puede tardar cinco horas elaborando una flauta de millo desde que el carrizo se encuentra seco.

Etiquetas: , , , ,

Más de Presentación en Sociedad ...

Caparrapí

Rodeados por las aguas que bajan por el filo de la montaña donde está Caparrapí, sobreviven estos árboles de infinitas propiedades.

Heliconia

Más que heliconias, esas plantas de las que hay censadas más de cien especies, en este pueblo de Antioquia lo que hay son mitos y leyenda.

Fresno

De una fertilidad asombrosa, este pueblo del Tolima hace honor al árbol cuyas flores amarillas como soles vegetales lo han iluminado siempre.