Fresno

Publicado en Savia Andina

Los suelos de Fresno pertenecen a la vertiente oriental de la cordillera Central de los Andes y se cuentan entre los más fértiles del Tolima, o, por qué no, de Colombia, gracias a su pasado volcánico rico en minerales y a una maravillosa capacidad de absorción de agua. Por esos suelos sinuosos transitó Gonzalo Jiménez de Quesada en 1574, cuando fundó una población que llamó Santágueda, ubicada casi en el mismo lugar donde a partir de 1850 un grupo de colonos antioqueños estableció una aldea con el nombre de Mosquesada, en honor a Tomás Cipriano de Mosquera y Gonzalo Jiménez de Quesada. El pueblo de Fresno al que se hace referencia hoy fue erigido en municipio el 13 de octubre de 1887.

Fresno, chirlobirlo o chicalá (Tecoma stans). Foto: Ana María Mejía

Los fundadores tuvieron la lucidez de llamarlo Fresno por la cantidad de estos árboles que brotaban, una especie común en el paso entre Manizales y las alturas heladas de la mesa de Herveo (Nevado del Ruiz) y los climas cálidos en cercanías al río Magdalena. El fresno (Tecoma stans), también conocido como chirlobirlo o chicalá, debió iluminar estas montañas con sus flores en forma de trompeta, amarillas como soles, entre las aguas de los ríos Gualí y Guarinó. Su condición maderable para construcción y mobiliario redujo su población, y dicen que con sus hojas y corteza se hace un agua que sirve como diurético y depurativo de la sangre.

Junto con el fresno, en este territorio fértil se ven yarumos, guamos, cámbulos, escobos, nogales, cauchos, laureles y otros árboles que se dan entre los mil cuatrocientos y los dos mil metros sobre el nivel del mar. Los suelos de Fresno también están copados por cultivos de café, cacao y aguacates. Según el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, hasta el año 2010 el departamento del Tolima era el mayor productor de aguacate en el país, y Fresno el municipio con más participación, con un 48,5%, casi el doble de Mariquita, el segundo productor.

Plaza de Fresno, Tolima. Foto: Ana María Mejía

En el parque central de Fresno —al que se llega luego de innumerables curvas— se puede ver una escultura de Orlando Guerrero que rinde homenaje al ancestro arriero y al cable aéreo, esa monumental obra de ingeniería que funcionó como transporte de carga y pasajeros entre Mariquita y Manizales desde 1915 (año en que empezó su construcción) hasta 1967. El sistema contaba con veintidós estaciones, y Fresno era la cuarta parada desde Mariquita.

Con una extensión total de doscientos ocho kilómetros cuadrados, este municipio, al que también le dicen la Calle Real de Colombia, tiene más de ochenta veredas, la mayoría de ellas dedicadas a la agricultura y otras a la ganadería. Su orografía cuenta la historia de un comercio hecho con sudor y lodo en casi todos los pisos térmicos, esfuerzos que todavía nutren estos suelos fértiles de los Andes tolimenses.

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