Corazón botánico de Colombia

Por Federico Rincón Mora
Publicado en Savia Andina

El pecado y las crueldades hicieron parte de la historia de San Sebastián de Mariquita, que durante un poco más de doscientos años, desde su fundación el 28 de agosto de 1551 por don Francisco Núñez Pedroza, se estableció como un territorio esclavista que segó la vida de miles de aborígenes que allí vivían. Ondaimas, babadujos, yaporoges, panches y pijaos se resistieron a la campaña de exterminio española impulsada por la codicia del oro y la plata que abundaban en esta ciudad ubicada a orillas del río Gualí, en el actual Tolima. Tanto valor le costó la vida a esos grupos indígenas, quienes gozaban de la naturaleza, el clima y la riqueza hídrica de esta provincia.

La despiadada minería en San Sebastián del oro, apodada así por sus riquezas, dejó muchos sinsabores, y a mediados del siglo xviii la población estaba sumida en la pobreza por el decrecimiento de la explotación mineral. Pero la ciudad que yacía inmóvil iba a tomar un rumbo diferente. Sus bondades naturales iban a escribir su historia y a cambiarle la reputación: en 1783 fue nombrada sede de la Real Expedición Botánica, liderada por el sabio José Celestino Mutis. Y aquella población, primero altiva y arrogante por sus minerales, luego postrada en el olvido y el llanto por la crueldad, se bañaría finalmente de gloria y de grandeza gracias a la ciencia.

Anón de monte o guayabilla (Ryania speciosa). Foto: Ana María Mejía

Ubicada en pleno corazón del virreinato, con variedad de climas, cálidas llanuras, diversas serranías, montañas nevadas, ríos, riachuelos y quebradas, Mariquita limita al norte con el departamento de Caldas, al oriente con Honda, al occidente con Fresno y al sur con Armero-Guayabal; cruzan su territorio los ríos Gualí, Guarinó y Medina, y finalmente vierten sus aguas al Magdalena que serpentea al suroriente de la ciudad. Este río que trajo al interior del país al artífice de su inmortalidad.

El jueves 5 de enero de 1761, José Celestino Mutis y Bosio salió de Cartagena rumbo a Santafé remontando las aguas del Yuma, como llamaban al río grande los aborígenes comerciantes que lo habitaban. A bordo de un champán, acompañado de médicos y sacerdotes jesuitas que formaban parte de la corte del nuevo virrey, Pedro Messía de la Cerda, el sabio nacido en Cádiz navegaba cautivado por la agreste y exuberante naturaleza tropical. Dedicado a observar y a descubrir el medio natural a su paso por las Américas, estaba atónito con lo que ofrecía el paisaje a su alrededor. Era un espectáculo inimaginable para el inquieto y curioso gaditano, educado en jardines botánicos e invernaderos. Divisó una ceiba que robó su atención: su tamaño, la bella simetría y disposición de todas sus partes lo dejaron perplejo. No obstante la deformidad de sus raíces, el sacerdote, geógrafo, botánico, matemático y médico quedó atónito con la desnudez del tronco que subía sin una sola rama hasta toparse con un tapete verde de hojas que formaban figuras con el azul del cielo.

Semillero de macana (Wettinia kalbreyeri). Foto: Ana María Mejía

Mal acostumbrado a ver árboles de tal tamaño, continuó su camino hacia Santafé con la certeza de que en el trayecto encontraría especies de mayor envergadura. Con la flora del Magdalena central Mutis comprobaba que podría consagrarse como científico, una satisfacción que él describía como “una especie de gloria temporal y gusto secreto que recibe el hombre en dar al público alguna cosa propia”.

Después de veintitrés días de navegación por el Magdalena desde Cartagena, en el camino a Santafé, llegó al puerto pedregoso y árido de Honda, donde estuvo dieciocho días antes de emprender su viaje hacia las minas de El Sapo, en Coello, de las cuales había sido nombrado mayordomo. En este recorrido pasó por primera vez por Mariquita, a la cual llegó después de andar tres días a lomo de mula en medio de un espeso bosque. Este es hoy un camino pavimentado de veintiún kilómetros que toma cuarenta y cinco minutos en recorrerse.

Le sorprendió a Mutis la enormidad de los caracolíes que sobresalían al borde de una quebrada. A esta especie de árbol le asignó el género Anacardium. Pero como heraldo gigantesco de la zona en dichas serranías sobresalía el almendrón, cuyas semillas fueron enviadas a Madrid, España, y con las cuales formaron un bello parque. Lo bautizó Galvezia, en honor a su protector en el consejo de Indias, don José de Gálvez.

El bosque tropical de Mutis en Mariquita. Foto: Ana María Mejía

Otros hallazgos le mostraron la importancia que esta región tenía para las investigaciones de la historia natural. Mariquita había quedado grabada en los ojos del sabio, cuyo viaje continuó hasta llegar a Santafé en febrero de 1761. Allí ejerció el cargo de médico personal del virrey, y por un poco más de dos décadas peleó contra la negativa burocrática de España a apoyar y subvencionar una expedición completa sobre la riqueza natural de esa especie de pequeña monarquía. Finalmente, recibió la aprobación del rey Carlos III para realizar y dirigir la Real Expedición Botánica. Desde aquella época fue un verdadero sacerdote de Dios y de la naturaleza. El 29 de abril de 1783 llegó a Mariquita, elegida como epicentro de esta investigación. El 17 de julio de ese mismo año el sabio científico recibió una flor enorme como regalo, la cual parecía un panal de mariposas que volaban alrededor, una ofrenda de la cual dijo que era “algo bello que tal vez no haya visto ningún botánico”. La estudió y bautizó con el nombre de Aristolochia mariquitensis (actualmente sinónimo de Aristolochia cordiflora), conocida como capitana o guaco, la cual se convirtió en el símbolo de la región y de la expedición.

Cactus tornillo (Cereus forbesii var. spiraliforme). Foto: Ana María Mejía

Día tras día fue llenando sus libros de información científica. En una esquina del parque principal tomó una casa que hoy puede visitarse, con un patio trasero por donde desfilaron sus herbolarios Pedro Archila, Pablo Antonio García y Joaquín Gutiérrez y sus dibujantes Salvador Rizo, Pablo Caballero y Francisco Javier Matiz. Allí llegaban las especies que recolectaban en el trabajo de campo: rubiáceas como la quina y la Carapichea ipecacuanha, conocida como ipecacuana, además de heliconias, begonias, Myrcia como los arrayanes, Terminalia catappa como los almendros. Las plantas fueron dibujadas, clasificadas y comparadas con datos que aportaban otros científicos del mundo con quienes Mutis compartía correspondencia desde Mariquita, como Carlos Linneo, el padre de la taxonomía. Con él pudo describir y comparar información para dar con especímenes nuevos que sobresaldrían en esta región, como las especies nuevas de laurel y el mamey, o plantas trepadoras como el bejuco o guaco, cuyas propiedades medicinales descubrió y patentó. Descubrió la Carapichea ipecacuanha y sus propiedades medicinales contra la tos. Encontró en el bejuco o guaco cualidades curativas contra la picadura de serpiente. En Mariquita, José Celestino Mutis pudo investigar los climas en los que se daba la quina, que ya había clasificado en blanca, amarilla, naranja y roja, y supo transmitir a los campesinos la mejor manera de aplicarla para que sanara a los enfermos.  Mutis vivió durante más de ocho años en Mariquita. Las duras jornadas a caballo y el clima árido de esta población a cuatrocientos noventa y cinco metros sobre el nivel del mar lo enfermaron y tuvo que concluir sus investigaciones en Santafé.

Casa museo Mutis con ficus (Ficus sp.). Foto: Ana María Mejía

Del bosque municipal de Mariquita, repleto de achiote, de anoncito de lumbí, de chupo o de granadilla, entre otras especies, hoy solo quedan unas ochenta hectáreas de las doscientas noventa y ocho que originalmente ocupó. El legado científico y natural de la ciudad de Mariquita sigue latente. Hoy es conocida como la capital frutera de Colombia, famosa por sus aguacates, mangos y mangostinos. El paisaje que la rodea, el clima que la abraza, las aguas que irrigan sus suelos y los fríos vientos de los nevados que la refrescan, son la prueba latente de un prodigio natural que sobresale en el territorio nacional y en su región Andina. Este territorio reúne todavía todas las características que Mutis buscaba para el papel científico que ejecutó durante ocho años. Y que hoy sobrevive en el centro del país como la musa de un botánico, naturalista, físico y astrónomo.

Etiquetas: ,

Más de Regiones ...

Lo prodigiosa que es

Un mundo intrincado parido entre nieblas, donde las tres cordilleras se desatan del nudo y empiezan a ser las columnas vertebrales del país todo.

Montañas de magia y ausencias

Un edén. Aunque haya avanzado sobre él, el poblamiento urbano, el Eje Cafetero sigue siendo un edén. Una región clave dentro de los Andes de Colombia

Corazón botánico de Colombia

Mariquita es un jardín botánico natural. Cuna de la Expedición Botánica de Mutis, este pueblo al norte del Tolima se ufana de ser el herbario de América.