Paisaje surtido y bruñido

Por Ana María Cano
Publicado en Savia Andina

Primero fue océano, después parte de la selva del Chocó y tras eras geológicas y sacudidas tectónicas llegó a ser este horizonte abismal de montañas enclavado entre dos cordilleras, Occidental y Central, entre las que se encañona el río Cauca. Es el Suroeste Antioqueño, región reconocida de 6.513 kilómetros cuadrados poblados por casi cuatrocientos mil habitantes repartidos en veintitrés poblaciones, que abarca páramos, farallones, picos, cerros, altos, volcanes apagados, mesetas, laderas empinadas, bosques de niebla, nacimientos de agua.

Decía Michel Hermelin, experto en ciencias de la Tierra, que el paisaje es un palimpsesto, antiguos papiros sobre los que se escribe y borra y se escribe de nuevo sin destruir la huella de la escritura original. En este horizonte magnífico la lluvia, el viento, los deslizamientos, los terremotos y hasta antiguas emisiones volcánicas elaboraron relieves donde caben todos los pisos térmicos, del páramo muy húmedo hasta el cálido tropical, y permiten una diversidad botánica superior. Han sido censadas 1.575 especies, de las cuales cuarenta y nueve son endémicas de bosques andinos y páramos y veinticinco exclusivas del Suroeste.

Hacienda con cultivo de plátano y café (Musa x paradisiaca, Coffea arabica). Foto: Ana María Mejía

No solo la botánica es característica sino también lo es la peculiar historia de colonización de aquella selva tupida que fue amansada desde el siglo xviii hasta el xix, mediante el expediente de adjudicar tierras concedidas como pago a empréstito de particulares al Estado. Estos las repartieron entre cientos de familias jóvenes venidas principalmente de Sonsón, Abejorral, Pácora, Medellín y Envigado, que llegaron a establecerse allí, lo que produjo una equilibrada estructura de propiedad sin grandes haciendas ni asalariados desposeídos de tierra: de allí la actitud liberal de sus pobladores y su necesidad de tener muchos hijos para trabajarla juntos, lo que formó su mentalidad laboriosa. Desde su ingreso al suroeste en 1788 por los lados Amagá, la minería ha tenido asiento en el lugar y más tarde el cultivo del café ocupó mayoritariamente a los colonizadores que poblaron de a poco los veintitrés municipios que prefirieron establecerse cerca de los ríos que surcan la región.

Minería y café consolidaron el polo que durante tres siglos ha sido Suroeste. Hoy lo habitan el 6,4% de los antioqueños, y con 83.642 hectáreas cosechadas alcanza el primer lugar en productividad del sector agrario entre las nueve regiones que componen el departamento. Incluye 45.950 fincas cafeteras, algunas de las cuales sacan exclusivos cafés de origen para la exportación.

El poblamiento siguió el curso de los ríos, así: del San Juan, con los pueblos de Andes, Betania, Ciudad Bolívar, Hispania y Jardín. A las orillas del Penderisco, Betulia, Concordia, Salgar y Urrao. Al margen de la quebrada Sinifaná, Amagá, Angelópolis, Fredonia, Titiribí y Venecia. Sobre el río Cartama, Caramanta, Jericó, La Pintada, Montebello, Pueblorrico, Santa Bárbara, Támesis, Tarso y Valparaíso. Contienen 246 parques tradicionales y tres de los más reconocidos en Colombia por su bella vegetación: los de Hispania y Ciudad Bolívar por sus samanes, y el de Jardín por su rosal.

Cultivo de naranja con el río Cauca y cordillera (Citrus x aurantium). Foto: Ana María Mejía

Estos pueblos forman el treinta por ciento de áreas urbanas de municipios y corregimientos. Y existe un porcentaje similar de bosques andinos, con páramos como el de Urrao, y dentro de este porcentaje un parque nacional natural, Las Orquídeas, en el Chocó biogeográfico, con treinta mil hectáreas y doscientas especies de orquídeas.

La región Suroeste se extiende hasta Risaralda, Cartago, Pereira, Manizales y Aguadas; hasta el valle de Aburrá; hasta El Retiro, La Ceja y Abejorral, y hasta Vigía del Fuerte en el Urabá antioqueño. A comienzos del siglo xxi sus pobladores son mestizos, si bien hay 4.123 indígenas embera chamís o catíos, en resguardos de Támesis, Valparaíso, Pueblorrico, Jardín, Andes, Ciudad Bolívar y Urrao, conservadores de su tradicional respeto por la Madre Tierra. Así mismo, se cuentan 16.265 afrocolombianos.

Los habitantes se ocupan de cultivar, además de café, plátano, caña, naranja valencia (con grandes cultivos en las orillas del Cauca), banano y mango; pero también de la ganadería: 271.979 hectáreas que priman sobre las agrícolas (83.642). Pero es la apicultura la que resume la riqueza botánica: las colmenas de Suroeste producen el cincuenta y dos por ciento de la miel en Antioquia. Las fiestas honran al samán en Hispania, a la cosecha en Betulia, al guayabo en Pueblorrico, al mango en Santa Bárbara, al cacao en Támesis y al cerro Tusa en Venecia. Al escudo de Jardín le incluyeron la especie nativa recientemente descubierta del centello o magnolio de monte (Magnolia jardinensis), del cual hay un ejemplar en el parque principal del pueblo. La especie está amenazada de extinción, según el Libro rojo de plantas de Colombia, un inventario hecho por los institutos Humboldt y de Ciencias Naturales.

Paisaje del Suroeste antioqueño con cerro Tusa y cámbulo (Erythrina poeppigiana). Foto: Ana María Mejía

Abarcar el paisaje en un paneo va de lo más alto en los farallones del Citará, a 4.050 metros de altura (con 598 especies botánicas), al páramo del Sol, de 4.080 metros, en Urrao; al alto de la Cruz entre Betulia y Concordia; al cerro Caramanta, de 3.950 metros, donde nacen los ríos San Juan y Risaralda; al de San Nicolás, de 3.480 metros, y al cerro Plateado, de 3.400 metros. Las alturas albergan fuentes de agua, y algunas se distinguen por sus formas únicas: la pirámide natural de cerro Tusa, un volcán apagado de 1.925 metros de altura en Venecia, donde habitó la tribu Senufaná, o los cerros Bravo y Combia en Fredonia. Vale la pena ver también la cascada del río Arquía, que se despeña entre las rocas, así como se encañona profundo el río Cauca entre paredes pétreas en la zona de Pipintá. La ortografía de estas palabras agudas corresponde a nombres indígenas: Amagá, Titiribí, Citará, Pipintá.

Los excesos tropicales en el clima producen una notable exuberancia (ver recuadros), y cuenta el profesor Hermelin, que fue maestro en la Universidad Eafit, en Medellín, que en marzo de 1993 fue tal el aguacero que cayó sobre los farallones de Citará que el flujo de sedimentos sobre el río Tapartó produjo cien víctimas. Sus extremos climáticos van hasta las huellas de glaciares en el páramo de Urrao que datan de hace diez mil años, y hacen de Suroeste un dechado, un herbario, un muestrario botánico que es en sí mismo una colección. 

Hojas de calatea (Calathea roseopicta). Foto: Ana María Mejía

Plantas propias de Suroeste

Un retrato de esta región a través de los árboles más asiduos en el paisaje tiene que contener el carate rojo de las cuencas; el cedro negro o nogal colombiano, que da sombrío al café y sirve hasta para teñir algodón; el laurel comino de madera amarilla y su hermano, el lujoso y escaso comino crespo o chachajo, de duración casi eterna, del que se abusó para hacer durmientes del ferrocarril; el laurel aguacatillo, endémico de la cordillera Central en laderas de ríos y en valles; el frondoso magnolio de monte u hojarasco, propio de bosques húmedos, en peligro crítico de extinción; el magnolio molinillo o copachí, también en peligro; el constante balso blanco, cuya corteza aclara la panela; la miona o meona, al borde de bosques y de carreteras; el higuerón, que es cerco vivo y sombrío; los caunces, que florecen amarillo; el borrachero común, en jardines y del monte, que aturde al solo olerlo; cuarenta y ocho especies de orquídeas registradas en Jardín, que son evolucionadas angiospermas nacidas hace ciento veinticinco millones de años. Infaltables el pino romerón (pino colombiano), el chaquiro, el diomate, la pringamosa, el sauco de monte o doblador, el alérgico manzanillo o pedrohernández, la palma macana, de la que están hechas muchas barandas de las fincas cafeteras; el chilco negro y el blanco; el barcino, que escasea por su madera tan usada; el zurrumbo, árbol pionero que da sombrío al café junto al pisquín; el encenillo, con sus flores amarillas que atraen colibríes; la zanca de mula; el arbusto de tabaquillo, cuyas hojas sirven para envolver los quesos. Y las especies promisorias de la región: el carbonero, que alivia la tos; el comino, por su madera incorruptible a la humedad; el silbo silbo o granizo, con el que se reforesta y que es aromático, tónico y restaurador.

Jazmín del embarcadero (Posoqueria latifolia). Foto: Ana María Mejía

Plantas propias de Suroeste

El Suroeste Antioqueño tiene zonas demarcadas por Corantioquia, entidad responsable de su preservación: bosques andinos, páramos de la cordillera Occidental, significativos bosques conservados, especies en peligro de extinción y fuentes de agua que abastecen la zona:

Cuchilla cerro Plateado-Alto de San José: son 7. 801 hectáreas entre Betulia, Concordia y Salgar, con cuatro cuencas de ríos, seis especies amenazadas, cinco endémicas y maderas valiosas como el laurel comino, el chaquiro, el sauco de monte y el chiriguaco.

Reserva de los farallones del Citará: escarpada, pendientes del cien por ciento, rica en aguas, con 613 especies censadas en 40.780 hectáreas. Dominan los robles de tierra fría, los cominos, los caunces, los hojarascos y los chaquiros.

Reserva de la cuchilla de Jardín-Támesis: entre Jardín, Támesis, Andes y Jericó, con importantes fuentes de agua en sus 31.170 hectáreas. Contiene especies endémicas como el magnolio y la pasiflora de Jardín, comino, laurel piedro, palma de cera y macana.

Nogal cafetero (Ficus insipida). Foto: Ana María Mejía

Parque regional Las Nubes-Capota-Trocha: abarca 3.450 hectáreas entre Jericó, Pueblorrico y Tarso; ostenta fuentes de agua y un valioso bosque de niebla, fábrica hídrica de 267 hectáreas. Allí crecen aguadulce, amarraboyo, cedrillo, lato, sarro, comino, hojarasco, balso blanco, cámbulo, guadua, higuerón, nogal cafetero, begonias y ciento dieciséis especies de orquídeas.

Distrito de manejo de los cañones de los ríos Barroso y San Juan: en Salgar, Pueblo Rico y Ciudad Bolívar, 3.101 hectáreas, 136 de ellas ocupadas por bosques secos apreciados por su rareza y con presencia de bosques remanentes, cuya inestabilidad geológica ve caer árboles de diomato, guásimo colorado, indio desnudo, zurrumbo, samán, matarratón y yarumo, amén del cedro, en peligro de extinción.

Reserva de cerro Bravo entre Fredonia y Venecia: es un hito visual junto con cerro Tusa por sus geoformas únicas. Allí nacen fuentes de agua que abastecen a Venecia; tiene 299 especies en 892 hectáreas. Alberga árboles de verdenazo, arrayán, balso blanco o pestaña de mula, camargo, drago, mano de oso y yarumo, vistosos a lo lejos. Contiene especies alimenticias, medicinales, maderables y ornamentales, orquídeas, anturios, heliconias, begonias, calateas, entre otras.

Gallito o guaco (Aristolochia ringens). Foto: Ana María Mejía
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