Tumaco: La perla negra

Estero con manglar en las afueras de Tumaco.

Por Héctor Rincón
Publicado en Savia Pacífico

No sabe uno –no sé yo– si aquí en la Bahía de Tumaco y en su entorno ya fueron separadas las aguas de la tierra o es que todavía los procesos del Génesis no han llegado porque hay tanta agua, tanta, que todo parece anegado y no es que esté lloviendo porque no está lloviendo en este medio día de brisa lenta y de sol muy tibio.

No es eso. No es la lluvia que aquí suele caer mucho pero no tanto como cae en el norte del Pacífico, en Bahía Solano; o en el Pacífico boscoso de Andagoya o de Lloró que es donde más llueve en todo el mundo, no es la lluvia una de las más prominentes razones para decir que hay mucha agua en este lugar que es bello y amable, una perla, la perla del Pacífico de Colombia.

Es que hay muchos ríos y muchas quebradas. Y esteros, bocanas, estuarios, islas e islotes y largos y anchos brazos de ríos que vienen desde la cordillera de los Andes, incluso del Gran Macizo Colombiano, y cuando llegan a esta topografía plana se desmelenan buscando el mar y forman unos deltas prodigiosos. El Mira, el Patía, el Sanquianga, el Telembí, son algunos de esos ríos de caudales insólitos. Y otros: Alcabí, Coray, Chagüí, Güiza, Mataje, Mejicano, Nulpe, Pulgandé, Rosario, San Juan y Tablones. Y a esos ríos, súmenle cuarenta y ocho cuerpos de agua, trece esteros y cinco bocanas y agréguenle este mar Pacífico que ruge y que los espera a todos, los devora a todos, los acoge a todos.

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Venta de cacao en la carretera a Pasto (Theobroma cacao)

Tumaco es agua por el norte, por el sur, por el oriente, por el occidente y por ella misma, porque el mar se mete con su corriente por entre esos recovecos que forman los deltas y alimenta los esteros por los que viajan los pobladores en sus embarcaciones, por esa agua que es dulce y que es salada a la vez, viven los mangles más grandes y vigorosos de Suramérica. Manglares largos y anchos, todos cercanos al litoral; manglares que son un entramado de raíces largas como zancos que se sumergen en el lodo en donde viven cangrejos, camarones, pianguas y un montón de moluscos y crustáceos más que sirven al sustento de todos los días.

Del mangle se vive tanto como de la pesca y tanto como de las otras maderas, robustas y resistentes, que se dan bosque adentro. Pero me quedo en los manglares para contar que no sólo en sus extremidades se halla una vida abundante de pequeños invertebrados que se volverán comida, que serán platos de la deliciosa gastronomía tumaqueña, sino que del mangle vive mucha ebanistería porque su madera es resistente y de mangle se alimentan los fogones, convertido en un carbón vegetal que es fino y duradero.

Los mangles, pues, están llenos de virtudes y por eso el peligro que significa su desaforada extracción, aunque haya, como hay, límites a esa práctica de supervivencia o de negocio: hay una vasta zona de mangles protegida: más de cincuenta mil hectáreas en las que no se pueden tocar puesto que eso equivaldría a atentar contra la vida misma en este sistema de aguas, de corrientes y de contracorrientes, de bajamar y de plenamar que, además de complejo, es hermoso.

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Raíces de mangle piñuelo (Pelliciera rhizophorae)

Son aguas muchas veces mansas, a veces tormentosas cuando los esteros se encuentran con el mar, en donde los mangles bordean y delimitan la orilla. Abunda en la periferia de Tumaco el mangle rojo (Rhizophora mangle), el blanco (Laguncularia recemosa), el mangle piñuelo (Pelliciera rhizophorae) y el mangle negro (Avicennia germinans). También hay mangle nato (Mora oleifera) y jelí (Canocarpus erectus), todos los cuales, aparte de extendidos, configuran una diversidad que es parte de la riqueza botánica de este sur del Pacífico de Colombia.

Hay más, desde luego. Otras asociaciones como las del mangle aparecen cuando se va pisando tierra más firme. Una vegetación generosa que da maderas, látex, taninos, cortezas, frutos, hojas, fibras, palmitos, de todo lo cual han disfrutado durante toda su historia los tumaqueños, que también han vivido por periodos de otras actividades como la ganadería y la minería. Antes de ellas, por aquí hubo fiebre de tagua. La solidez casi mineral de las semillas de esta palma, apodadas como “marfil vegetal” produjo un auge comercial que duró casi un siglo (1850 a 1940). Por la demanda que tenían en otras partes de América y de Europa, Tumaco fue convertido en un improvisado puerto marítimo por donde salía tagua en bruto para ser convertida en botones y otras piezas de bisutería en sus lugares de destino.

Para trabajar en los taguales (y en los cultivos de cacao y de caucho que por entonces también tuvieron su momento de esplendor) hubo una fuerte migración de trabajadores de raza negra desde las zonas auríferas de Barbacoas y llegaron comerciantes de raza blanca extranjeros, españoles, italianos, ingleses, alemanes, que montaron sus empresas exportadoras y se asombraron con este deslumbrante laberinto de playas y de aguas que componen el archipiélago de Tumaco.

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Cangrejos en empaque de iraca (Carludovica palmata)

Como el mundo se movía entonces como se mueve ahora, o más, la era del plástico comenzó su reinado y adiós la os botones de tagua. Cesó el cultivo por este litoral  y también el tránsito de los cargamentos hacían desde el Amazonas, gran productor. Quedó el recuerdo de su explotación, taguales extintos, un pueblo de Nariño que se llama Tagua y Tumaco entró en desuso como exportador de este exotismo. Pero también la tierra siguió dando de qué vivir. De los cocos, de la palma africana, del cacao y de la madera, extraída técnicamente o extraída de cualquier manera porque por las orillas de esos ríos abundan los aserríos y por sus aguas navegan de manera permanente troncos, cientos de troncos, muchos de ellos de árboles cuya extinción parece ahora sentenciada y que antes se habían reproducido por asociaciones.

Guanduales se llaman. Así se llaman esas asociaciones vegetales que se dan en suelos pantanosos de agua dulce y que en esta región se distinguen por tres tipos: sajales, cuangariales y guandal mixto. Sus nombres se deben a las especies que los configuran, el sajo (Campnosperma panamense); el cuángare (Otoba gracilipes) y el guandal mixto, en el que se encuentran las dos especies anteriores y además, por el mejoramiento de las condiciones del drenaje del suelo, se da una mayor diversidad florística caracterizada por especies como cuña (Swartzia amplifolia), suela (Pterocarpus officinalis), pantano (Hieronyma alchorneoides), pácora (Cespedesia spathulata), garza, guayacán u ocobo  (Tabebuia rosea), marío o aceite maría (Calophyllum longifolium), machare (Symphonia globulifera), chalbiande (Virola reidii), entre otras; además, también se halla una gran diversidad de palmas o Arecáceas.

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Anturio rojo (Anthurium andreanum)

Todo esto tiene y de todo esto ha vivido Tumaco con sus trescientas sesenta mil hectáreas y sus cerca de doscientos mil habitantes en esta primera década del Siglo XXI. Una población básicamente negra es la que ocupa ahora estas tierras que en principio fueron habitadas por los indios tumas, de cuya vida hay testimonio en cerámicas halladas como tesoros arqueológicos que cuentan en silencio la historia vivida por este lugar. Historias de indígenas que aquí fundaron una población e historias de conquistadores españoles que merodearon por esta ensenada de paso hacia la quimera del Perú a donde finalmente llegó Francisco Pizarro en 1529 después de un viaje épico que había comenzado en Panamá.

Tumaco, entonces, ya estaba aquí. Su historia ya había comenzado con otros nombres, o sin nombres, descrita, la historia, en una leyenda que se origina en el comienzo de los tiempos. En ese remoto entonces unos peces enormes peces rojos salieron a recorrer los mares del mundo. Y nadaron. Eran tres grandes pargos, puestos en esas aguas por Yemayá, madre de la vida, para que reconocieran sus dominios. Nadaron. Miles de años nadaron por los océanos de la tierra entera hasta que los venció la fatiga cuando estaban por los esteros de esta costa nariñense. Y durmieron. Y así dormidos, cubiertos por las mareas, por la arena, por la sal, sobre los lomos de los tres peces comenzó a brotar la naturaleza y se levantaron bosques y rodaron riachuelos hasta quedar convertidos en las tres islas que componen el archipiélago de Tumaco.

Eso dice la leyenda de origen africano. Cuando la historia cuenta su versión habla de indígenas tumas (tumapaes, según otros) que habitaban las orillas del río Mira. Un reducto de unos mil de ellos sirvió de base para la fundación de lo que hoy es Tumaco en 1794. Tumatai, que traducía “tierra del hombre bueno”, se llamó por un largo momento, hasta que empezó a ser conocida como Tumaco, que quiere decir tierra de entierros. Cerámicas de arcilla y objetos de oro fueron halladas muchos años después y hablan de la vida que sucedía por aquí hace dos mil años. Cerámicas que cuentan la vida cotidiana, los esfuerzos de la pesca y los logros de la agricultura, los mitos del agua y de la luna. Piezas pequeñas que hoy están en numerosos museos del mundo y que contrastan con las voluminosas esculturas que tallaban otros indígenas más allá de todas aquellas cordilleras, los de San Agustín.

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Palma de chontaduro (Bactris gasipaes)

Por allá por esas cordilleras nacen los ríos que se vuelven deltas cuando consiguen llegar hasta la baja planicie en donde Tumaco sigue como siempre. Con sus zonas inundadas, su vegetación poderosa, sus esteros y sus manglares. Pasado todo lo que ha pasado, aunque en algunos recovecos de esta geografía mojada parece que no hubiera pasado el tiempo, en Tumaco han vuelto hoy a cultivar cacao como en sus orígenes. Y han seguido, como antes pero más ahora, viviendo de los bosques en donde aún se distinguen los guandales, esas asociaciones vegetales que ya dije.

Pero no todo es como antes. Tanto prodigio ha sido lesionado de gravedad porque la región de Tumaco es víctima de lo que llaman una economía extractiva. Y se van diezmando sus árboles tanto que quienes vamos por Colombia haciendo esta Colección Savia no pudimos hallar ejemplares de sajo que abundaron en todo su pasado. Como antes, como siempre, eso sí están aquí las aguas infinitas y las bellas playas. Y, como ahora, una brisa lenta y un sol tibio.

 

Tumaco, antes de todo

La historia oficial cuenta que Tumaco fue fundada el 30 de noviembre de 1794 por el sacerdote Francisco Ruggi, quien logró llevar hasta el sitio a un grupo de cerca de mil indígenas. Como municipio, Tumaco comenzó en 1861, si bien en un principio perteneció al territorio de la Gobernación de Quito. Era, en entonces, parte de un cantón formado por Tumaco, la Cabecera y Salahonda.

Pero antes de todo eso, la región fue habitada por los indios tumas o tumapaes que hace unos 2.000 años aprovecharon la tierra con un eficiente sistema de cultivo de maíz y los ríos con una explotación sostenida de la pesca. Fue en esa época cuando floreció la cultura Tumaco cuyos vestigios en figuras de arcilla y objetos de oro han sido hallados en exploraciones arqueológicas. Esas figuras han permitido saber cómo eran, cómo vivían y en qué creían. Las fortalezas de Tumaco son su medio ambiente, ser orilla del océano Pacífico, estar localizada en una ensenada donde desembocan cinco ríos y sus amplias zonas de bosques. Por pertenecer a un departamento como Nariño en el que la parte andina tiene tanto peso, esta costa pacífica tiene más que ver con Buenaventura y con Cali que con Pasto o Ipiales.

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Palma de coco (Cocos nucifera)

Lo que da la tierra

Desde la colonia, en la región de Tumaco ha prevalecido la economía extractiva. Ha vivido de lo que da la tierra. Primero del maíz, después de la tagua, el oro, el caucho, la corteza del mangle, el cacao y mucho después el auge de la palma africana. Sin embargo, esto no ha puesto a salvo a su población de la pobreza mayoritaria como la principal característica de la región. Una pobreza que tiene que ver con el aislamiento geográfico, ahora mucho menos severo que en las décadas anteriores porque se cuenta con una carretera en buen estado que la une a Pasto y a las demás ciudades andinas y con frecuentes servicios aeronáuticos que le han abierto una ventana turística a su economía. Tumaco recibe miles de turistas cada año porque ofrece playas atractivas, un buen grupo de hoteles; posee una muy sobresaliente gastronomía y su topografía de archipiélago la hace muy bella. También esto –el turismo atraído por sus recursos naturales– es un don de la tierra a sus habitantes que han demandado siempre más presencia del Estado con obras públicas y sistemas de salud y educación con mayor cobertura.

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Mangle iguanero (Avisennia germinans)

Para la exportación

Aunque haya caído abruptamente en esta primera década del Siglo XXI, la exportación de petróleo por el puerto de Tumaco ha sido importante. Y lo fue mucho, a finales del siglo XX, cuando por aquí salía el petróleo de Lago Agrio, Ecuador, cuyo oleoducto fue destruido por un terremoto en esos años. Tumaco es, pues, el principal puerto petrolero del Pacífico de Colombia, y el segundo nacional después de Coveñas, en el Caribe, pero le ha afectado la baja en la producción de los pozos que servía y también, y mucho, la acción de grupos armados ilegales con atentados a la infraestructura petrolera del Putumayo, departamento vecino de Nariño, y las voladuras del oleoducto Orito-Tumaco. Así que el puerto, que se hace necesario dragarlo por su baja profundidad, ha sido empleado para el envío al exterior de productos de pesca y, durante años, de los productos salidos de los cultivos de palma africana. Del mismo modo el puerto, que cuando fue construido en el gobierno de Rojas Pinilla se tomó como una bendición hacia el desarrollo, también ha sido usado como un importante embarcadero por la economía ilegal de la cocaína, especialmente en los primeros años del siglo XXI cuando los grupos armados ilegales se hicieron fuertes en la región andina nariñense y caucana, próximas a los ríos y al océano Pacífico.

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Aserrío cerca a Tumaco (Cuángare, sajo y maría)

Agricultura a gran escala

La madera siempre ha sido el gran patrimonio de la región de Tumaco. Existen cientos de aserríos en su periferia. Y, como no ha habido una política ordenada de reforestación, muchas especies de maderas fuertes están amenazadas o, incluso, ya han desaparecido de algunas zonas. Como el sajo. Pero las tierras de Tumaco han sido fértiles para el cultivo de palma africana, que tuvo comienzo en los años sesenta del siglo XX y un auge de casi cuarenta años. Llegó a producir ciento veintidós mil toneladas de aceite cada año y ubicó a Nariño como el tercer productor de esta palma en Colombia, después de Santander y del Meta. El auge de la palma en el mundo para la producción de los agrocombustibles generadores del bioetanol y el biodiesel, condujo a la siembra de treinta y dos mil hectáreas sembradas en Tumaco, desplazando a otros cultivos. Y a generar, dicen las estadísticas, hasta siete mil empleos en sus diez y nueve procesos de producción. Se produjo por esto una gran migración de gentes de otras partes de Colombia y se vivió durante esos largos años una bonanza que de a pocos fue declinando debido a las pestes (pudrición del cogollo) y por competencias por el mercado, todo lo cual se refleja en los muchos cultivos abandonados que se ven en la vía que de Tumaco va a Pasto. Esta sensación de fin de una era (la de la palma) ha hecho que los campesinos vuelvan a los cultivos de cacao, de plátano y de coco, insistan en la explotación de la madera, mantengan el uso de los manglares como posibilidad de subsistencia y sigan recurriendo a la pesca como un modo de vida.

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Hoja de badea (Passiflora quadrangularis)

En letra cursiva

Tumaco, la perla del Pacífico como algunos le denominan, es uno de los puertos más importantes de la región. Es reconocida por la cantidad de productos para la exportación que se extraían y se extraen de su territorio. Entre las familias botánicas con mayor importancia para la economía de Tumaco, se encuentran las palmas o Arecáceas, de las que hacen parte la palma cocotera, la tagua, Phytelephas macrocarpa, denominada también marfil vegetal, debido al fuerte material de sus semillas. A esta familia taxonómica también pertenece la palma africana, Elaeis guineensis, de la cual se extrae un importante aceite vegetal, que es utilizado como biocombustible y cuyo monocultivo ha sido cuestionado debido a que ha degenerado la biodiversidad de la región.

Además de Arecáceas, hay importantes Fabáceas o leguminosas como la suela o bambudo, Pterocarpus officinalis, también denominada sangregao porque de su corteza se extrae un látex rojo que recuerda al sangre drago, Croton lechleri, una Euforbiácea popular del Amazonas, que se conoce como la suela en el Pacífico, y a la que se le conceden propiedades medicinales. De ésta familia también hace parte el mangle nato, Mora oleifera, apreciado para la elaboración de instrumentos musicales. De los manglares se han aprovechado y los han sobreexplotado para la extracción de su madera. Entre los mangles importantes de la región se destaca el mangle rojo, Rhizophora mangle, una Rizoforácea; el mangle piñuelo, Pelliciera rhizophorae, una Tetrameristácea, además de unas Combretáceas, como el mangle blanco y el mangle jelí. En Tumaco también se dan importantes Miristicáceas, que forman asociaciones vegetales como los Cuangariales, compuestos por cuángares u otobos, Otoba gracilipes, apreciado en la medicinal natural, al igual que el nuánamo o también conocido como cuángaro o cuángare, Virola dixonii y el chalbiande a veces llamado nuánamo, Virola reidii, otro par de Miristicáceas. Una planta apreciada en medicina y repostería es el cacao, Theobroma cacao; Theobroma traduce “alimento de los dioses”, con justicia, pues ésta Malvácea además de ser apreciada para la elaboración del chocolate ha demostrado múltiples propiedades medicinales.

Las plantas más constantes

Familia Nombre científico Nombre común Usos
Anacardiáceas Campnosperma panamense Sajo Valor maderable, utilizado para construcción y ebanistería
Arecáceas Elaeis guineensis Palma africana Extracción de aceite vegetal
Arecáceas Phytelephas macrocarpa Tagua, marfil vegetal Elaboración de adornos, artesanías y apreciado en bisutería
Bignoniáceas Tabebuia rosea Guayacán, ocobo Madera para construcción y se siembra como ornamental
Calofiláceas Calophyllum longifolium Aceite maría, marío Madera para ebanisteria
Clusiáceas Symphonia globulifera machare, tometo Apreciado en carpintería, en medicina se utiliza  para el corazón y como abortivo natural
Fabáceas Mora oleifera Mangle nato Utilizado para construcción de instrumentos musicales
Fabáceas Pterocarpus officinalis Suela, bambudo, sangregao Medicinal, utilizado como hemostático, astringente y desinfectante
Malváceas Theobroma cacao Cacao Para la elaboración del chocolate y con diferentes fines medicinales
Miristicáceas Otoba gracilipes Cuángare, otobo Medicinal, para tratar el dolor de cabeza
Ocnáceas Cespedesia spathulata Pácora, pacó, casaco Apreciado por su valor maderable. Ornamental
Rhizophoráceas Rhizophora mangle Mangle rojo, mangle piñón, mangle Madera resistente para construcción
Tetrameristáceas Pelliciera rhizophorae Mangle piñuelo, mangle comedero Madera utilizada  para postes y leña

 

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